La Policía Local de Miranda de Ebro localizó el lunes 10 de agosto a un anciano de 92 años que había recorrido casi mil kilómetros solo al volante desde su domicilio en San Roque, Cádiz, sin saber muy bien cómo ni por qué había llegado hasta la ciudad burgalesa.

Francisco, que así se llama el protagonista de esta historia, apareció en el Tanatorio San José de Miranda de Ebro a media tarde. Atraído por la presencia de varias personas que acudían a un funeral, entró y preguntó cómo llegar a la playa de Málaga. Esa pregunta encendió todas las alarmas entre los presentes, que llamaron de inmediato a la Policía Local.
Cuando los agentes comprobaron su documentación, la sorpresa fue mayúscula: el hombre figuraba como desaparecido en la base de datos de la Guardia Civil de Cádiz. Su familia llevaba más de un día buscándolo sin éxito.
La última pista que tenían los suyos era un pago con tarjeta en una gasolinera de Jaén. A partir de ahí, el rastro se perdía. Todo apunta a que tomó la A-3 en dirección a Madrid, cruzó la capital y siguió hacia el norte. El propio Francisco comentó a los policías que había dormido en una ciudad con mucho tráfico, aunque los agentes sospechan que pasó la noche en su propio vehículo. El coche presentaba el retrovisor parcialmente desprendido y un rasponazo lateral, señales de algún incidente menor durante el trayecto.
Durante la conversación con los agentes, el anciano aseguraba vivir en Málaga, sin recordar que su domicilio actual estaba en Cádiz. Uno de los policías lo describió así: «Estaba como asustado, como diciendo: ‘Jo, la que estoy liando'». Pese a la desorientación, los agentes destacaron su amabilidad y buena actitud en todo momento.
Tras resistirse inicialmente, Francisco aceptó ser trasladado al hospital Santiago Apóstol de Miranda de Ebro para que los médicos evaluaran su estado. Mientras esperaba, uno de los agentes le prestó su teléfono para que pudiera hablar con su nieta. La joven le preguntó cómo había llegado hasta allí. Él tampoco supo explicarlo con claridad.
La clave podría estar en su pasado. Francisco emigró a Francia durante la dictadura y durante décadas realizó en coche el trayecto entre el sur de España y el país vecino, una ruta que atravesaba precisamente esa misma zona. Un camino grabado en la memoria de toda una vida.
Finalmente, fueron sus familiares quienes se desplazaron hasta Miranda para llevarlo de vuelta a casa, tal y como recomendaron los médicos.



