Cuarenta y dos años de historia y oficio cierran para siempre en la calle Portales de Logroño

Logroño despide a otro de sus comercios históricos. La calle Portales, uno de los ejes comerciales más emblemáticos del centro de la capital riojana, pierde una lencería que durante más de cuatro décadas fue mucho más que una tienda de ropa interior. Era un lugar donde el trato personal marcaba la diferencia, donde el conocimiento del oficio se imponía a cualquier etiqueta o talla impresa.

Cuarenta y dos años de historia y oficio cierran para siempre en la calle Portales de Logroño

Rosa María y su equipo sabían lo que hacía falta antes incluso de que la clienta lo pidiera. Reconocían a simple vista qué modelo favorecía y cuál no, sacaban opciones del cajón con una precisión casi instintiva y acertaban a la primera. Ese tipo de saber no se aprende en ningún manual. Se acumula con los años, con la atención y con el respeto hacia quien entra por la puerta.

Ese es precisamente el tipo de comercio que Logroño está perdiendo poco a poco. Negocios fundados cuando la calle Portales era el centro del mundo para muchas familias de la ciudad, sostenidos durante décadas a base de constancia y vocación, y que ahora van cerrando sus persianas sin hacer demasiado ruido.

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Cuarenta y dos años dan para mucho. Dan para conocer a varias generaciones de una misma familia, para adaptarse a los cambios del mercado una y otra vez, para aguantar crisis económicas, pandemias y la llegada del comercio en línea. Pero también tienen un límite, y ese límite ha llegado.

El cierre se suma a una lista que, en los últimos años, ha ido creciendo en el corazón comercial de Logroño. Locales que formaban parte del paisaje cotidiano de los vecinos y que, al desaparecer, dejan un hueco difícil de llenar, no solo en los bajos de los edificios, sino en la memoria colectiva de quienes los frecuentaron.

Queda por ver qué ocupará ese espacio. Lo que no volverá es lo que había dentro: el conocimiento acumulado, la confianza ganada cliente a cliente y esa manera de atender que ya muy pocos comercios practican.

La calle Portales sigue en pie, pero cada cierre que acumula es un recordatorio de que el comercio de proximidad necesita algo más que buenas intenciones para sobrevivir.