La Hermandad de Donantes de Sangre de Segovia lucha contra el envejecimiento y la agenda: «Vamos perdiendo donantes»

La secretaria de la Hermandad de Donantes de Sangre de Segovia, Mari Luz Otero, lanza un mensaje claro: sin una incorporación constante de jóvenes donantes, el futuro de las reservas en la ciudad es incierto.

La Hermandad de Donantes de Sangre de Segovia lucha contra el envejecimiento y la agenda: «Vamos perdiendo donantes»

La Hermandad combina métodos tradicionales y digitales para llegar a cuantas más personas mejor. Carteles en farmacias y centros sanitarios conviven con publicaciones en Instagram, Facebook y grupos de WhatsApp. Pero la apuesta más importante sigue siendo la presencia directa en institutos, universidades y colegios, donde se imparten charlas adaptadas a cada edad.

Con los más pequeños se recurre al juego «¿Quién quiere ser donante?», una dinámica inspirada en el conocido concurso televisivo. Con los adultos, el objetivo es otro: concienciar. «Tienes que concienciar, no obligar. La donación de sangre es voluntaria y altruista», subraya Otero.

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El autobús de donación se instala en la avenida del Acueducto, el punto más transitado de la ciudad, para captar a los segovianos que ya tienen el hábito pero necesitan un recordatorio. Los donantes registrados reciben avisos cuando hay una nueva colecta.

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El principal problema al que se enfrenta la hermandad es demográfico. La franja de donantes más activa se sitúa entre los 45 y los 60 años, una generación que, con el paso del tiempo, irá superando el límite de edad permitido para donar. Si los treintañeros actuales no toman el relevo, el sistema se resentirá.

Los obstáculos más frecuentes son el miedo a las agujas y, sobre todo, la falta de tiempo. La respuesta más habitual que recibe Otero cuando pide a alguien que done es reveladora: «Sí, sí, a ver si voy». Y ella, con diplomacia, sabe lo que suele ocurrir después.

La realidad es que una operación tan habitual en Segovia como una cirugía de cadera puede consumir entre cuatro y seis bolsas de sangre. «Una persona normal no se plantea que no va a haber sangre. Ya donará alguien», reconoce Otero, que añade que el sistema de bancos interconectados aún aguanta: «Siempre estamos justos, justos, pero nunca falta sangre».

No existen campañas masivas porque acumular en un solo día no sirve de nada: la sangre caduca. Lo que se necesita es constancia. Y esa constancia, recuerda Otero, empieza por informar desde la infancia: «Tienen que saberlo desde pequeñitos porque todo lo que no se sabe no existe».