La Diputación Provincial de Burgos ha dado el primer paso para solucionar un problema que lleva años enquistado en el Camino de Santiago: los coches que cada día atraviesan las ruinas del convento de San Antón, en Castrojeriz, compartiendo espacio con decenas de miles de peregrinos.

La institución provincial ha comenzado ya a redactar el proyecto que afectará a los algo más de 11 kilómetros de carretera que unen Castellanos de Castro con Castrojeriz. A lo largo de ese trazado, más de 120 árboles de porte considerable flanquean la vía y sus raíces están provocando graves problemas en el asfalto, con roturas y levantamientos de la capa de rodadura que ya han derivado en accidentes, algunos de ellos mortales.
El objetivo más ambicioso del proyecto es encontrar la manera de desviar el tráfico rodado fuera del antiguo cenobio, hoy reconvertido en albergue de peregrinos. La idea es trazar una especie de variante que evite que los vehículos partan literalmente en dos este enclave patrimonial. No obstante, los técnicos reconocen que el espacio está muy encajonado y que la solución requerirá un estudio detallado, además de alcanzar un acuerdo con los propietarios de los terrenos afectados.
Cada año cerca de 50.000 personas cruzan bajo estos imponentes arcos medievales. Así lo recuerda Ovidio Campo, presidente de la Fundación San Antón, que lleva muchos años reclamando esta intervención, especialmente tras los desprendimientos que se produjeron en 2021. Campo confía en que, esta vez, el proyecto llegue a buen puerto, aunque lamenta que los plazos no permitan tener el desvío listo para 2027, año jacobeo.
Los tiempos previstos sitúan la finalización del proyecto en otoño, con licitación posterior y arranque de obras hacia mediados de 2027. La compatibilidad con el flujo continuo de peregrinos, máxime en pleno Año Santo Compostelano, obligará a ejecutar los trabajos por fases y prolongará la actuación hasta 2028.
Al margen del tráfico, la Fundación San Antón tiene otro frente abierto: la falta de suministro de agua potable. El albergue lleva años abastecido por un depósito de 15.000 litros que hay que rellenar cada quince días. El Ayuntamiento de Castrojeriz ha prometido extender las tuberías, aunque la condición de diseminado del monasterio complica la operación. La entidad también ha pedido apoyo económico a la Junta de Castilla y León para sostener la conservación de un patrimonio que vive, en gran medida, de los donativos de los caminantes.
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