El parque público de San Vicente de la Barquera es testigo estos días de una noticia esperanzadora. Las seis palmeras que sufrieron con mayor virulencia el ataque del picudo rojo están mostrando señales claras de recuperación, con nuevos brotes que confirman que los tratamientos aplicados a lo largo de los últimos meses están dando sus frutos.

Vanesa Tilán, técnica en Gestión Forestal y del Medio Natural de la empresa Arbolart Arboricultura, ha trasladado al Ayuntamiento barquereño los buenos resultados obtenidos. La aparición de nuevas frondas en los ejemplares intervenidos es la prueba más visible de que la apuesta por salvar estas palmeras ha merecido la pena.
La intervención más delicada consistió en una auténtica cirugía de urgencia aplicada la pasada primavera. Los técnicos tuvieron que actuar sobre las coronas de los ejemplares más dañados, extirpando todo el material podrido para dejar paso a un nuevo cogollo. Aunque las heridas de la intervención aún son visibles, los nuevos brotes confirman que estas palmeras seguirán formando parte del gran palmeral de San Vicente.
Al resto del palmeral se le han aplicado tratamientos preventivos mediante la técnica conocida como foliar, una especie de fumigación sobre cada ejemplar que también ha arrojado resultados positivos.
Sin embargo, no todas las noticias son buenas. Cinco palmeras se encuentran en un estado irreversible y deberán ser taladas, previsiblemente durante el otoño. Con su retirada, el palmeral pasará a contar con 49 ejemplares, frente a los 54 originales plantados hace ahora cincuenta años, en febrero de 1976.
El conjunto está formado por ejemplares de la especie phoenix canariensis y se ha convertido con el tiempo en uno de los palmerales más importantes del norte de España en espacios públicos, además de ser una seña de identidad indiscutible de la villa barquereña.
El Ayuntamiento de San Vicente trabaja ya en la adjudicación de un nuevo contrato para continuar con el tratamiento y garantizar la recuperación definitiva de las palmeras enfermas, así como la protección del resto del palmeral frente a futuras amenazas del picudo rojo.
Una batalla que, por el momento, parece estar inclinándose a favor de uno de los rincones más emblemáticos de Cantabria.
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