El parque Manuel Barquín no acogerá este año la ya tradicional cita agroalimentaria que cada final de verano reunía a cientos de amantes de la huerta en la capital del Besaya. La sexta edición del Festival del Tomate de Torrelavega ha sido suspendida a apenas dos semanas de su celebración, prevista para el primer fin de semana de septiembre, cuando la agenda del evento estaba prácticamente cerrada en su totalidad.

Puestos, charlas, invitados y toda la logística preparada quedan en el aire tras lo que el concejal de Dinamización y promotor de la iniciativa, Jesús Sánchez del PRC, ha calificado abiertamente como «una decisión política». El edil no oculta su malestar al ver cómo su proyecto estrella se queda sin ninguna vía de financiación viable.
El motivo principal es la falta de dinero. Las ayudas del Plan de Sostenibilidad Turística, que habían sostenido el festival en los últimos años, se han agotado. Y las cuentas municipales de 2026 no han reservado partida alguna para esta cita ni para eventos similares que dependan de financiación pública local.
La situación económica del Ayuntamiento de Torrelavega no invita al optimismo. El soterramiento ferroviario compromete 28 millones de euros de las arcas municipales en la próxima década, y desde 2025 el Consistorio está obligado a cumplir un plan de ajuste. Un informe del interventor municipal dejó palabras muy duras sobre el gasto en áreas como Ferias, Festejos y Dinamización, señalando que sistemáticamente duplicaban sus presupuestos asignados.
Así, cinco ediciones consecutivas de una feria que había logrado ganarse un hueco propio en el calendario estival de la ciudad llegan a un final abrupto. El festival había conseguido prolongar la actividad turística y comercial de Torrelavega más allá de las fiestas de La Patrona, atrayendo visitantes y poniendo a la ciudad en el mapa gastronómico regional.
El futuro de la cita es, por ahora, una incógnita. El propio Sánchez reconoce no saber si el festival regresará en próximas ediciones, lo que convierte este parón en algo más que una suspensión puntual.
Lo que sí continuará es el proyecto Simientes Infinitas, vinculado al invernadero de Campuzano, que seguirá adelante con normalidad al margen de la feria.
Queda en el recuerdo la quinta edición, donde el cocinero del Cenador de Amós definió el festival como «algo de lo que presumir», y donde el productor Emilio Medina, ganador de nueve de los diecisiete premios, lo consideró el más representativo de tomates de varias regiones de todo el país.
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