El pebetero de Cibeles cumple seis años manteniendo viva la llama por los fallecidos del Covid en Madrid

Una llama que no se apaga frente al Palacio de Cibeles sigue siendo el símbolo más visible del recuerdo a quienes Madrid perdió durante la pandemia. Seis años después del peor capítulo sanitario de la historia reciente, ese fuego permanece encendido como testigo silencioso de una tragedia que cambió la ciudad para siempre.

El pebetero de Cibeles cumple seis años manteniendo viva la llama por los fallecidos del Covid en Madrid

El pebetero, situado en la confluencia de la calle Alcalá con el Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento de Madrid, lleva desde mayo de 2020 honrando la memoria de las víctimas del Covid-19. Su inscripción lo dice todo: «Vuestra llama nunca se apagará en nuestro corazón».

La pieza es una estructura circular de acero negro de casi dos metros de diámetro, con forma de plato gigante elevado sobre un prisma del mismo material. Sencilla en apariencia, contundente en su mensaje.

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En fiestas

Fue inaugurada el 15 de mayo de 2020, un San Isidro que nadie olvidará. Esa festividad, habitualmente festiva y bulliciosa, se celebró en silencio y con la ciudad aún encogida por el golpe de la pandemia. El entonces alcalde José Luis Martínez-Almeida presidió el acto junto a representantes de toda la Corporación municipal, y ese mismo día se entregó la Medalla de Honor de la capital a los madrileños por su comportamiento frente al virus.

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El diseño del pebetero corrió a cargo del arquitecto Carlos Rubio Carvajal, con tres décadas de trayectoria profesional, encargado por el área municipal de Obras y Equipamientos.

No ha sido un camino fácil para este símbolo. A lo largo de estos años el pebetero ha sufrido varios actos de vandalismo, pero la llama siempre ha vuelto a encenderse. Esa resistencia, quizás, lo hace aún más significativo.

Hoy, cuando agosto de 2026 avanza tranquilo por las calles de Madrid, muchos vecinos y turistas pasan a diario junto a ese fuego sin reparar en él. Pero para quienes perdieron a alguien, sigue siendo un lugar al que mirar, un punto en el mapa donde el dolor tiene forma y la memoria tiene dirección.

La ciudad sigue adelante, como siempre lo ha hecho. Y la llama, también.