La Coordinadora de la Bajada del Ebro vuelve a alzar la voz ante el silencio del Ayuntamiento de Miranda de Ebro: desde 2018, el municipio no ha realizado ningún estudio sobre el estado del río que da nombre a la ciudad, dejando sin respuesta una de las demandas más persistentes de este colectivo vecinal.

«La salud que tiene, eso no lo sabemos», lamenta Óscar Álvarez, uno de los responsables de la Coordinadora. Ocho años después de que el consistorio adquiriera el compromiso de analizar las aguas del Ebro, los vecinos siguen sin disponer de un diagnóstico que permita conocer las condiciones reales del cauce y decidir qué actuaciones son necesarias.
La incertidumbre es total. Sin ese estudio, el colectivo no puede determinar si la situación del río ha mejorado o empeorado con el paso del tiempo. «Al no haber un estudio no sabemos», reconoce Álvarez, que subraya que la petición se renueva cada año sin obtener respuesta.
Pero la preocupación no se limita al agua. La Coordinadora denuncia también el abandono de las orillas. «Las riberas del río están asalvajadas», afirma Álvarez, que lamenta el estado de unos márgenes que, pese a ser un espacio de paseo habitual, presentan un aspecto descuidado. «Podría estar mucho mejor», insiste.
Frente a ese panorama, el colectivo reivindica recuperar el vínculo histórico que los mirandeses tuvieron con su río. Hace apenas cuatro décadas existía una playa en la que los vecinos se bañaban, y lugares como Los Pinos congregaban a familias enteras. Incluso hubo un embarcadero desde el que se alquilaban barcas. «Había una vidilla», recuerda Álvarez.
La aspiración es clara: «Lo que nosotros hemos querido siempre es volver a que sea apto para el baño y que sea un sitio público de gran esparcimiento». A ello se suma una demanda nueva vinculada al calor extremo. Con los veranos cada vez más duros, las riberas arboladas y la proximidad del agua representan una oportunidad como refugio climático para la ciudadanía.
Las críticas de la Coordinadora no van dirigidas a un gobierno concreto. «Desde nuestro Ayuntamiento, del color que sea, durante distintas legislaturas, por el río se ha hecho más bien nada», sostiene Álvarez. Un reproche transversal que sitúa al Ebro como una asignatura pendiente compartida por toda la clase política local.
El mensaje final del colectivo es inequívoco: «El Ebro no es solo de la Coordinadora de la Bajada del Ebro. Es de todos».



