La comparsa que vertebra las fiestas de La Granja desde 1962: gigantes y cabezudos para todas las generaciones

La Granja de San Ildefonso celebra estos días sus fiestas patronales de San Luis con una de sus señas de identidad más queridas: la comparsa de gigantes y cabezudos, una tradición ininterrumpida desde 1962 que el municipio lleva años recuperando y restaurando con mimo.

La comparsa que vertebra las fiestas de La Granja desde 1962: gigantes y cabezudos para todas las generaciones

Cada mañana a las once en punto, la cita es sagrada. Niños que corren, abuelos que recuerdan y vecinos que se asoman a la plaza de los Dolores para ver salir a las figuras. No hay un momento concreto en el programa de fiestas; la comparsa lo impregna todo, desde el pregón hasta el último día, como el pan en la mesa.

Al frente de la alineación de 2026 está Popeye, uno de los dos cabezudos que conserva su forma original desde 1968, junto a la Dolores, una figura ataviada de segoviana que desde el primer día fue bautizada así por la chiquillería en honor a la Virgen de los Dolores, patrona del pueblo. Dos piezas que resisten el paso del tiempo y que enlazan la fiesta actual con la de hace más de medio siglo.

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La gestión de la comparsa recae en la Asociación Cultural Gigantes y Cabezudos del Real Sitio, creada para aglutinar a los vecinos de La Granja y Valsaín y coordinar las salidas y el mantenimiento. El Ayuntamiento es el propietario de las figuras, pero la asociación es el alma que las mantiene vivas.

El secretario de la entidad, Jaime Hervás, explica que muchas de las piezas originales de 1962 se perdieron por decisiones del pasado que priorizaron la compra de figuras nuevas sobre la restauración de las antiguas. El paleto, el chino o la pareja de gigantes de mimbre representativos de aquel primer desfile ya no existen. Una historia común a muchos municipios españoles.

Las figuras de entonces eran productos de catálogo fabricados en serie por empresas como la juguetera zaragozana Recacha o El Ingenio de Barcelona. Por eso no es raro que varios pueblos compartan cabezudos idénticos. La moda de encargar piezas únicas y personalizadas no llegaría hasta décadas después.

Hoy, el Ayuntamiento trabaja en restaurar y recrear la comparsa de los años sesenta para devolver a la plaza el sabor de aquella época. Y mientras tanto, los voluntarios que se meten bajo la escayola no faltan. En La Granja, la tradición tiene quien la lleve.