Un vecino de La Rioja estuvo a punto de perder casi 10.000 euros después de recibir una llamada de teléfono en la que, al otro lado de la línea, sonaba la voz de su propia hija. Era falsa. Generada por inteligencia artificial. Y formaba parte de una de las estafas más sofisticadas y peligrosas que circulan ahora mismo por España.

Todo comenzó con varios mensajes de WhatsApp enviados desde un número desconocido. El remitente aseguraba ser su hija y explicaba que tenía problemas con el móvil, que no podía acceder a su banco y que necesitaba dinero con urgencia ese mismo día.
La víctima desconfió. Decidió llamar al número para comprobarlo. Pero quien contestó tenía exactamente la voz de su hija. Los estafadores habían utilizado herramientas de clonación de voz basadas en inteligencia artificial para suplantar su identidad de forma casi perfecta. El engaño funcionó, y el riojano realizó una transferencia de 9.980,25 euros.
La rápida actuación de agentes del Equipo de Investigación Tecnológica de la Guardia Civil permitió contactar con las entidades bancarias implicadas, bloquear la operación y recuperar íntegramente el dinero antes de que llegara a manos de los estafadores. El presunto autor ha sido identificado.
Este caso no es el único. En las últimas semanas se han registrado otros tres episodios similares en Arnedo y Calahorra. En uno de ellos, una mujer de 62 años transfirió 850 euros a alguien que fingía ser su hija. En otro, una joven de 29 años envió la misma cantidad creyendo que era su hermano. En un tercer caso, una mujer ingresó 5.990 euros a un individuo que se hizo pasar por su hijo.
La Guardia Civil alerta de que estas estafas evolucionan con rapidez. Ya no se trata solo de mensajes de texto apelando a una emergencia familiar. Ahora los delincuentes combinan información personal de la víctima con sistemas capaces de imitar voces reales con una precisión alarmante.
Las recomendaciones de los agentes son claras: desconfiar de cualquier petición inesperada de dinero aunque parezca llegar de un familiar, verificar siempre la identidad llamando a un número conocido distinto al del mensaje, y acordar una palabra clave familiar para situaciones de emergencia.
Porque, como ha quedado demostrado en este caso, ni siquiera escuchar la voz de un ser querido es ya garantía suficiente de que sea él quien está al teléfono.
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