Pedro Caminero y Pepe Mayoral celebran este año dos décadas dirigiendo el campo de los encierros de Cuéllar, una de las tradiciones taurinas más singulares y veteranas de toda Castilla y León. Ambos coinciden en que ejercer este papel es «un honor», aunque también una carga de responsabilidad nada desdeñable.

Para Caminero, el vínculo con los encierros de la villa segoviana va mucho más allá de esos veinte años al frente. Cuenta hasta 44 temporadas ligado a esta tradición, desde que siendo joven acompañaba a su padre, Simón Caminero, conduciendo las reses hacia el pueblo. Una herencia familiar que hoy sigue viva y que él defiende con orgullo y exigencia.
«Es un reto y una responsabilidad muy importante», reconoce el director de campo, quien subraya la singularidad de un festejo que combina el traslado por el campo, el recorrido por las calles y la posterior lidia en la Plaza de Toros. Un espectáculo que, según afirma, no tiene parangón en la comunidad.
Caminero no oculta que el trabajo ha ido adaptándose a los tiempos. El número de caballistas, las dificultades que generan las fincas de regadío o las siembras han ido cambiando el contexto, aunque el recorrido en esencia se mantiene fiel a su esencia tradicional.
También apunta que las expectativas del público han crecido con los años, especialmente con la incorporación de ganaderías toristas de fuerte trapío. Ante eso, pide comprensión: «Bastante trabajo es embarcarlos en la finca como para encerrarlos y llevarlos a buen destino en un pueblo con gente, con numerosos caballos, con esa salida, con ese paso de las máquinas, con ese Embudo».
El director de campo reconoce que habrá encierros buenos y encierros menos lucidos, y confía en que el pueblo de Cuéllar así lo entienda. La naturaleza del espectáculo, con tantas variables en juego, lo hace imprevisible por definición.
Desde el punto de vista profesional, Caminero destaca que gestionar los encierros de Cuéllar es también una carta de presentación para la empresa. Las familias Caminero y Mayoral han construido juntas una reputación de seriedad y compromiso que, asegura, les ha abierto puertas en el sector.
Veinte años al pie del campo, dos décadas de madrugadas, de reses bravas y de una responsabilidad enorme sobre los hombros. Una historia que Cuéllar celebra y que estos dos hombres siguen escribiendo con la misma pasión del primer día.



