Más de un centenar de palmesanos tomaron el miércoles el paseo del Born de una forma que no se veía desde hace años: sin terrazas, sin mesas de restaurante y con familias, jóvenes y mayores sentados en los bancos o sobre pareos extendidos en el suelo.

La ocasión fue el último ‘sopar a la fresca’ del verano, organizado por el colectivo ciudadano Brunzzit, que lleva dos temporadas celebrando estas cenas populares en espacios emblemáticos de Palma para reclamar que las plazas públicas sean devueltas a los residentes.
Lo que nadie esperaba era el escenario que encontrarían los asistentes al llegar. Sobre las 19.00 horas, los bares y restaurantes del Born recibieron la orden de la Policía Nacional de retirar todo el mobiliario de sus terrazas como medida de seguridad preventiva. La justificación policial aludía a los «precedentes» del pasado 26 de julio, cuando tras una multitudinaria manifestación contra la masificación turística se produjeron cargas policiales en la ciudad.
Sin mesas ni sillas desplegadas por los organizadores, los vecinos improvisaron. Llevaron sus propias sillas, sus propias mesas y sus propios pareos. Los carteles que colgaron lo decían todo: ‘El turisme ens ofega’, ‘Born to be alive’, ‘Pijos y skaters: tornau a ocupar es Born’ y ‘Menys terrasses, més veïnes’.
Brunzzit rechazó de forma contundente las sospechas policiales. El colectivo recordó que todos los eventos celebrados hasta la fecha han transcurrido sin incidentes, sin violencia y sin ningún tipo de altercado.
La medida también generó malestar entre los propios hosteleros afectados. El presidente de CAEB Restauración Mallorca y dueño de un local en el Born lamentó la decisión y estimó que las pérdidas económicas para los establecimientos podrían rondar entre 20.000 y 30.000 euros. Además, defendió que la cena popular y las terrazas son perfectamente compatibles, y que en ningún momento habría habido comportamientos incívicos por parte de los asistentes.
Al final, la jornada transcurrió en calma. El Born, libre de mesas y sombrillas por una noche, volvió a ser por unas horas ese paseo del que hablan los más mayores, el lugar de encuentro familiar que, según el propio colectivo, «nuestras abuelas y abuelos» conocieron.
El debate sobre el equilibrio entre turismo y vida vecinal en Palma no ha hecho más que ganar intensidad a lo largo de este verano, y el último ‘sopar a la fresca’ deja claro que esa conversación está lejos de cerrarse.
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