La Mata del Páramo: el pueblo que solo existe de verdad en verano y del que nadie quiere marcharse

La Mata del Páramo es uno de esos pequeños pueblos del Páramo leonés que guardan silencio durante gran parte del año. Sus calles vacías y sus casas cerradas contrastan radicalmente con lo que ocurre cada julio y agosto, cuando un grupo de jóvenes regresa para revivir una infancia que no se parece a ninguna otra.

La Mata del Páramo: el pueblo que solo existe de verdad en verano y del que nadie quiere marcharse

Son alrededor de veinte personas, con una media de edad también en torno a los veinte años, que llevan toda la vida veraneando en este rincón. Llegaban de pequeños a visitar a sus abuelos y, sin que nadie lo planeara, fueron formando un grupo que hoy se describe a sí mismo como una familia.

Iván Fernández lo explica con sencillez: pasaron de ser cinco a quince o veinte sin darse cuenta, y ahora parece que se conocen de toda la vida. Esa es precisamente la magia del lugar.

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El pueblo ofrece poco en apariencia: un par de parques, alguna instalación deportiva, un bar y cientos de casas antiguas, la mayoría ya vacías. Pero la falta de recursos no ha sido nunca un obstáculo. Sergio Franco recuerda con nostalgia la cabaña que construyeron de niños, o las fiestas improvisadas en el salón de actos del bar. Con lo mínimo, han levantado recuerdos para toda la vida.

Amalia Martínez, abuela de dos de estos jóvenes y vecina habitual del pueblo, recuerda cuando las calles estaban animadas todo el año. Trabajar el campo era duro, reconoce, pero había vida. Ahora el invierno se lleva esa luz consigo, y quienes se quedan admiten que se echa de menos.

El grupo no quiere quedarse solo en la nostalgia. Han surgido conversaciones sobre organizar unas fiestas propias para La Mata del Páramo, algo que hace años incluía hogueras, chocolatadas y actividades para todos. Sergio Franco y Diego Garrote reconocen que no es sencillo, que hay permisos que tramitar y logística que aprender, pero tienen claro el objetivo: dar a conocer un pueblo pequeño con mucho potencial.

Mientras los planes toman forma, el verano sigue su curso entre partidos de fútbol, tardes en la piscina, paseos en bici y risas compartidas en el bar del pueblo. Cuando llega septiembre y cada uno vuelve a su ciudad, La Mata del Páramo regresa al silencio. Y ellos, al calendario, marcando ya la fecha del próximo regreso.