Las ostras llegan a las bateas de Maó para salvar la producción del calor extremo

El cambio climático obliga a los productores de mejillón del puerto de Maó a reinventarse. Las altas temperaturas del agua están acortando cada verano la temporada de comercialización, y una empresa local ha dado el primer paso hacia la diversificación: cultivar ostras.

Las ostras llegan a las bateas de Maó para salvar la producción del calor extremo

Muscleres González, referente en la producción de mejillón en la rada mahonesa, ha puesto en marcha este año una prueba piloto con mil ejemplares de ostra tras obtener la licencia correspondiente. La intención es ampliar la producción y consolidar este molusco como un complemento rentable al mejillón tradicional.

Paco González, al frente de la empresa, explica que este verano tuvieron que dejar de vender mejillones el 12 de agosto, cuando la mortalidad de sus ejemplares rondaba el 30 por ciento. Las elevadas temperaturas del mar y la falta de viento reducen el oxígeno del agua y hacen inviable mantener la producción en las semanas más calurosas. En otras zonas del Mediterráneo la situación es aún peor: en Tarragona, los mejillones comenzaron a morir ya desde el 20 de junio.

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Pese a ello, González califica la temporada de mejillón como muy buena. Un invierno más lluvioso y con el agua más fría permitió llegar a las 105 toneladas vendidas, superando ligeramente las cifras del año anterior. Además, las ventas fuera de la isla siguen creciendo: este año se enviaron 15 toneladas a Mallorca, un 14 por ciento del total.

Las ostras, sin embargo, abren un horizonte distinto. Su mayor resistencia a las condiciones adversas del agua y, sobre todo, su capacidad para aguantar más tiempo fuera del mar las convierten en un producto mucho más exportable. González ya piensa en mercados como Eivissa, donde este tipo de molusco tiene una demanda consolidada.

El emprendedor también apunta al contexto local como un buen termómetro: la reciente apertura de ostrerías en Maó indica que el producto tiene encaje en los gustos de los consumidores de la isla. Y si la calidad del mejillón del puerto es reconocida, confía en que la ostra cultivada en las mismas aguas no desmerecerá.

La prueba piloto de este año es solo el comienzo. La empresa quiere crecer con calma, hacer las cosas bien hechas y aprovechar al máximo unas bateas que, con el nuevo cultivo, pueden ser más productivas durante más meses al año.