Cuéllar vuelve a vestirse de toros con una feria que celebra treinta años de historia y ganado bravo

La villa de Cuéllar abre de nuevo las puertas de su coso taurino con una feria que este año llega cargada de simbolismo. Se cumplen tres décadas desde que los Pablo Romero pisaron por primera vez la plaza cuellarana, un aniversario que convierte la cita de 2026 en algo más que una temporada de festejos.

Cuéllar vuelve a vestirse de toros con una feria que celebra treinta años de historia y ganado bravo

El cartel ganadero de este año vuelve a apostar por el toro con casta, coherente con la línea que el Ayuntamiento ha mantenido en los últimos años. Cuéllar no busca figuras de postín ni toreros de portada. Busca toro, el que lleva siglos corriendo por sus calles y protagonizando uno de los encierros más antiguos de España.

Tres ganaderías repiten presencia respecto al año anterior. Los Gallardo de Partido de Resina llegan a su sexta actuación consecutiva en Cuéllar, consolidándose como referente del ciclo. Los Murube de Rosa Rodríguez también vuelven, al igual que los novillos de Veraguas y Domecq de Aurelio Hernando, procedentes de Soto del Real, una ganadería que no ha estado exenta de polémica en ediciones anteriores.

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La novedad llega con el hierro de Saltillo, que se encarga de inaugurar la feria. Un nombre con solera en el mundo del toro que añade interés a una programación pensada para el aficionado de verdad.

La autogestión municipal de la feria sigue marcando la diferencia. Cuéllar no depende de grandes emporios empresariales para montar su ciclo taurino, lo que le permite mantener una apuesta por el toro con trapío y carácter. Un animal que da espectáculo en el encierro pero que también eleva la dificultad en la plaza, y que no siempre resulta atractivo para los toreros más cotizados del escalafón.

Encierros, probadillas, novilladas y corridas conforman una programación que tiene algo para cada tipo de aficionado. La separación de estos festejos permite que vecinos y visitantes elijan según sus gustos, aunque el encierro sigue siendo el gran reclamo que pone a Cuéllar en el mapa taurino nacional cada verano.

Con más de setecientos años de historia vinculada al toro, la villa segoviana demuestra una vez más que la tradición no está reñida con la dignidad del festejo. Este año, además, hay motivo extra para celebrar. Treinta años de Pablo Romero en Cuéllar no son cualquier cosa.