El casco histórico de Zamora necesita respirar más allá de los sábados y domingos. Esa es la conclusión unánime que comparten comerciantes y hosteleros de la ciudad, que reclaman una reforma urgente del planeamiento urbanístico que regula la zona histórica, unas normas que llevan en vigor desde el año 2000 y que, a su juicio, ahogan cualquier intento de inversión o emprendimiento en el corazón de la ciudad.

El presidente de la Asociación Zamora de Empresarios del Comercio, Ruperto Prieto, es claro: el turismo de fin de semana no es suficiente para sostener un negocio. Para que un comercio o un local de hostelería sea viable, hace falta actividad económica todos los días del año, no solo cuando llegan los visitantes.
Por eso, Prieto defiende que la reactivación del casco antiguo pasa por dos vías complementarias. La primera, actualizar unas normas urbanísticas que hoy generan inseguridad jurídica: hay aspectos que quedan a la interpretación de cada técnico, lo que provoca que un empresario pueda empezar una obra con una declaración responsable y encontrarse después con trabas inesperadas. Esa incertidumbre, señala, hace que emprender en la zona histórica sea un riesgo difícil de asumir.
La segunda vía apunta a recuperar servicios públicos en el entorno. Prieto recuerda que cuando la Escuela de Idiomas y la de Artes funcionaban en el Castillo, o cuando el Conservatorio ocupaba el antiguo palacio provincial, el flujo diario de personas permitía que los negocios de la zona fueran rentables. Al marcharse esos servicios, el tránsito de gente se redujo drásticamente.
A todo ello se suma otro problema de fondo: la movilidad. El casco antiguo de Zamora carece de transporte público urbano, una situación que lo diferencia negativamente de otras ciudades similares. Prieto reclama un uso razonable del espacio, con buena accesibilidad tanto para peatones como para vehículos, siguiendo el modelo de semipeatonalización que ya ha dado buenos resultados en otras zonas de la capital.
Desde la patronal hostelera Azehos, su presidente Ángel Vicente coincide en el diagnóstico y pide flexibilidad en la normativa y agilidad en la tramitación de licencias, destacando que pocas capitales de provincia españolas presentan tantas limitaciones en este sentido.
El Ayuntamiento ya ha dado los primeros pasos para revisar el planeamiento, algo que el sector valora positivamente. Ahora, comerciantes y hosteleros piden que ese proceso sea participativo y que sus voces sean escuchadas, convencidos de que solo sumando esfuerzos se podrá devolver al casco antiguo la vida cotidiana que merece.
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