La tradición zamorana toma la Plaza Mayor de Samir de los Caños con jotas, fandangos y bordados de otro tiempo

La Agrupación Folklórica Manteos y Monteras convirtió el pasado sábado la Plaza Mayor de Samir de los Caños en un escenario para el folklore zamorano durante la Semana Cultural y Fiestas Patronales de la localidad.

La tradición zamorana toma la Plaza Mayor de Samir de los Caños con jotas, fandangos y bordados de otro tiempo

A partir de las 19:30 horas del sábado 29 de agosto, los vecinos y visitantes pudieron disfrutar de una exhibición de bailes regionales que puso voz y movimiento a siglos de tradición. Jotas, fandangos y otros ritmos populares del oeste zamorano sonaron con fuerza en la plaza, acompañados por el repique inconfundible de las castañuelas o pulgaretas.

La jota alistana, enérgica y saltada, tuvo especial protagonismo en una actuación en la que tampoco faltaron las influencias del charro ni las diferentes mudanzas del fandango. Un repertorio amplio que recorre buena parte del patrimonio musical de la provincia.

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En fiestas

Pero la tarde no fue solo baile. La indumentaria tradicional completó el cuadro: manteos, delantales, paños bordados y piezas de joyería popular recordaron una forma de vestir ligada a las celebraciones de la vida rural. Para los mayores del lugar, un reencuentro con sonidos y vestimentas grabados en la memoria. Para los más jóvenes, una oportunidad de acercarse a lo que conocieron sus abuelos.

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La actuación folklórica llegó en un sábado especialmente cargado de programa. La jornada arrancó a las siete de la mañana con alborada y chocolatada, siguió con misa en recuerdo de los difuntos, vermú y el Gran Samix organizado por la Peña La Guadaña. Ya entrada la noche, la Orquesta Ritmo Joven tomó el relevo, con bingo en el descanso y DJ Rayo como cierre de la velada.

Una combinación que resume bien lo que siguen siendo las fiestas de los pueblos: tradición durante unas horas y música hasta que el cuerpo aguante.

Hay algo más en todo esto que merece ser dicho. En una provincia golpeada por la despoblación, mantener viva la tradición es también una forma de preservar la identidad de los pueblos cuando sus calles vuelven a llenarse cada verano. El folklore solo sobrevive si alguien sigue vistiéndose, tocando, bailando y mirando para aprender.

Samir de los Caños lo recordó el sábado de la mejor manera posible. Con los pies en la plaza y los ojos puestos en todo lo que no conviene olvidar.