El regreso al cole trae cada año la misma preocupación para muchos hogares abulenses: el gasto en material escolar. Este curso, sin embargo, la situación ha llamado especialmente la atención, ya que el precio de los libros de texto puede variar hasta en 250 euros dependiendo del centro educativo al que asistan los alumnos, incluso dentro de un mismo nivel de enseñanza.

Una diferencia de esa magnitud no es un detalle menor para las economías familiares. Para muchas familias de la provincia, ese dinero supone un esfuerzo considerable, especialmente en un contexto en el que el coste de la vida sigue presionando los presupuestos domésticos.
La disparidad se explica, en parte, por la libertad que tienen los centros para elegir editorial y materiales. Mientras algunos colegios optan por libros más económicos o fomentan el uso de plataformas digitales, otros mantienen listas de texto con volúmenes de precio elevado que las familias deben adquirir de forma obligatoria.
A esto se suma que no todos los centros cuentan con bancos de libros consolidados o sistemas de préstamo que alivien el desembolso inicial. En los que sí existen, el ahorro puede ser muy significativo. En los que no, la factura cae íntegra sobre los padres y madres.
Desde las asociaciones de familias se llevan años reclamando una mayor regulación y coordinación entre los centros para evitar este tipo de desequilibrios. La petición es sencilla: que el acceso a la educación no dependa del barrio o del colegio al que se pueda acceder.
Las ayudas públicas para la adquisición de libros existen, pero no siempre llegan a tiempo ni cubren el total del gasto. Muchas familias tienen que adelantar el dinero y esperar a recibir la subvención semanas después de haber pagado.
Con el inicio del nuevo curso ya en marcha, Ávila vuelve a poner sobre la mesa un debate que se repite cada septiembre: garantizar que ningún niño quede en desventaja por razones económicas sigue siendo una asignatura pendiente.



