Beatriz Artolazabal abandona el Ayuntamiento de Vitoria con destino a Madrid y deja atrás una legislatura marcada por el contraste entre un inicio complicado tras una derrota electoral histórica y un cierre en el que ha consolidado su imagen como figura política de peso dentro del equipo de gobierno local.

La dirigente jeltzale fue la apuesta de su partido para intentar retener la Alcaldía que Gorka Urtaran había sostenido durante dos mandatos consecutivos. La operación salió mal. En las municipales de mayo de 2023, el PNV cayó hasta la cuarta posición y perdió cerca de 7.000 votos, cediendo la Alcaldía a la socialista Maider Etxebarria, que gobierna desde entonces con el apoyo precisamente de los nacionalistas.
Aquel batacazo condicionó los primeros pasos de Artolazabal en la nueva legislatura, en la que el peso del grupo jeltzale recayó en buena medida sobre su mano derecha, Iñaki Gurtubai. Cuando este se marchó a la Diputación, Artolazabal se quedó como referente casi único del PNV en el Consistorio y fue entonces cuando dio un giro visible a su presencia pública.
Los dos grandes conflictos que han sacudido la ciudad en los últimos años pasaron por su mesa. El primero fue la huelga de los jardineros, un pulso que se prolongó durante seis meses y en el que la teniente de alcaldesa encajó duras críticas, insultos y escenas tan llamativas como la quema de un muñeco con su imagen en las hogueras de San Juan. Al final, el conflicto se cerró con un acuerdo.
El segundo fue la renovación de la ordenanza del taxi. Artolazabal impulsó la implantación de guardias nocturnas para mejorar el servicio en noches de fiesta, una demanda histórica de los vitorianenses. Tras año y medio de negociaciones tensas, logró sacarla adelante en julio pasado con amplio respaldo ciudadano.
Su marcha es la cuarta baja del PNV en el gobierno municipal desde que arrancó la legislatura, tras las salidas de Saray Zárate, Raimundo Ruiz de Escudero e Iñaki Gurtubai. Un goteo que deja al partido en una situación delicada a poco más de diez meses de las próximas elecciones municipales.
Artolazabal, que se estrenó como concejala en Vitoria en el año 2000 y cuenta además con trayectoria como diputada foral y consejera del Gobierno vasco, cierra así su etapa local con la paradoja de irse con mejor imagen que con la que llegó.



