El territorio alavés cierra uno de los veranos más duros en materia de incendios forestales de los últimos años. Las llamas han consumido casi 300 hectáreas de monte a lo largo de los meses estivales, dejando una huella profunda en el paisaje natural de la provincia.

Tres focos han concentrado la mayor parte de los daños desde finales de junio: los incendios de Galarreta, Heredia y Llanteno. Cada uno de ellos ha supuesto una emergencia importante para los servicios de extinción, que han tenido que trabajar en condiciones difíciles para contener el avance del fuego.
El de Galarreta ha sido el más destructivo de los tres, con alrededor de 130 hectáreas calcinadas. Le sigue el de Heredia, que afectó a unas 70 hectáreas de terreno forestal. El incendio de Llanteno completó un verano marcado por la sequía, el calor y el viento, condiciones que han favorecido la propagación rápida de las llamas en los tres casos.
Los vecinos de las zonas afectadas vivieron jornadas de angustia mientras los medios aéreos y terrestres trabajaban para frenar el fuego. En algunos momentos, la proximidad de las llamas a núcleos habitados y explotaciones agrícolas elevó la tensión entre la población local.
Este balance refleja una tendencia preocupante que los expertos llevan tiempo señalando: los veranos cada vez más secos y calurosos convierten los montes alaveses en un entorno especialmente vulnerable al fuego. La falta de lluvia durante semanas convierte la vegetación en material fácilmente inflamable.
Las labores de extinción movilizaron a cuadrillas de bomberos forestales, brigadas de refuerzo y helicópteros en los momentos de mayor intensidad. Gracias a esos esfuerzos, ninguno de los tres incendios derivó en una tragedia mayor, aunque el daño al ecosistema tardará años en repararse.
La regeneración del monte quemado es un proceso lento que puede llevar décadas. Mientras tanto, las áreas arrasadas quedan expuestas a la erosión y a la pérdida de biodiversidad, con consecuencias que van mucho más allá de lo visible a simple vista.
Las autoridades ya trabajan en la evaluación de los daños y en los planes de restauración que deberán ponerse en marcha en los próximos meses.
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