Dos décadas encerando toros en Cuéllar son muchas emociones, muchos sustos y muchísima responsabilidad. Pepe Mayoral y Pedro Caminero llevan veinte años siendo los encargados de una de las tareas más exigentes y menos visibles de los encierros de la capital del alfoz segoviano: conducir y encerrar los toros al final de cada carrera.

Cuéllar presume de contar con los encierros más antiguos documentados de España, una tradición que se remonta al siglo XIV y que cada verano vuelve a llenar las calles de emoción y expectación. En ese engranaje, la figura del encerrador resulta imprescindible. Sin ellos, el espectáculo no tendría cierre, en el sentido más literal de la palabra.
Pepe Mayoral y Pedro Caminero comenzaron juntos en este oficio y desde entonces no se han separado. Veinte años compartiendo mañanas de agosto, nervios antes del encierro y la satisfacción de ver cómo los toros entran sin incidentes al toril. Una labor que exige conocimiento del animal, serenidad y una coordinación milimétrica entre ambos.
Para ellos, llegar a este aniversario es motivo de orgullo pero también de reflexión. Hablan de cómo ha cambiado el encierro a lo largo de los años, de los momentos más tensos que han vivido dentro del recinto y de lo que significa para ellos ser parte de una fiesta que Cuéllar siente como propia desde hace siglos.
La relación entre los encerradores y los toros es algo que se forja con el tiempo. No se trata solo de técnica: es intuición, es experiencia acumulada y es también un respeto profundo hacia el animal que tienen delante.
Su historia es también la historia de muchas personas anónimas que, año tras año, sostienen desde dentro una celebración que cada vez atrae a más visitantes de fuera de la provincia. Nombres que no aparecen en los carteles pero sin los que la fiesta, sencillamente, no sería posible.
Cuéllar les debe a ellos, y a tantos otros como ellos, que sus encierros sigan siendo lo que siempre han sido: auténticos, vivos y cargados de tradición.



