Decenas de familias segovianas afrontan este inicio de curso con un problema que va mucho más allá de los nervios habituales del primer día de clase: no han conseguido plaza de guardería para sus hijos menores de un año en la ciudad y se han visto forzadas a buscar solución en municipios del entorno.

El caso de Esther Taboada es uno de los más representativos. Esta madre solicitó plaza en seis guarderías concertadas de Segovia capital, sin éxito. Finalmente, su hija asistirá a una escuela infantil en Abades, a veinte kilómetros de casa. Para poder cumplir con los horarios, ha tenido que pedir una reducción de jornada de dos horas, lo que le supone 300 euros menos al mes, además del gasto diario en gasolina.
Su rutina matinal es agotadora. Primero lleva a su hijo mayor al colegio en Segovia y después se desplaza hasta Abades para dejar a la pequeña. Todo ello antes de incorporarse al trabajo. La misma secuencia, a la inversa, se repite cada tarde.
El problema tiene su raíz en el sistema de baremación. En el primer ciclo de infantil, el criterio de la renta familiar tiene un peso determinante, por encima de otras circunstancias como la conciliación laboral. Taboada no cuestiona que se priorice a las rentas más bajas, pero reclama que también se valore de forma efectiva si ambos progenitores trabajan. «Lo suyo sería priorizar a las familias en las que trabajan los dos», defiende.
La situación se complica aún más porque casi todas las guarderías de la capital están concertadas con la Junta de Castilla y León. Eso significa que las familias no pueden pagar directamente una plaza libre, como sí era posible hasta el curso 2023-2024. Solo existe un centro privado en el barrio de Nueva Segovia, y está completo.
Según la Consejería de Educación, Segovia capital cuenta con 762 plazas gratuitas para todo el primer ciclo de infantil. Para el tramo de cero a un año, la oferta en el curso 2026-2027 es de 112 plazas, con 34 aún vacantes pendientes de adjudicación en el proceso extraordinario previsto para principios de septiembre. En total, entre todos los tramos de edad, quedan 139 plazas sin cubrir.
Mientras se resuelve ese proceso, familias como la de Esther Taboada siguen haciendo kilómetros cada mañana para poder trabajar y, al mismo tiempo, garantizar la atención de sus hijos más pequeños. Una ecuación que, para muchas, no cuadra.
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