Lola Dastida lleva más de veinte años viviendo en el cuarto piso de un edificio de la calle Fernández Angulo de Maó. El pasado 21 de agosto, lo que debía ser una subida rutinaria a su casa se convirtió en una pesadilla: tropezó en la oscuridad de la escalera y cayó rodando hasta el rellano inferior. Tenía 82 años y el ascensor de su bloque llevaba cinco semanas sin funcionar.

La mujer perdió la conciencia tras el golpe. Sufrió numerosas contusiones, hemorragias en el rostro y la fractura del cúbito y el radio de uno de sus brazos. Un vecino que salía de su piso la encontró tendida en el suelo y llamó a la ambulancia. Fue trasladada de urgencia al Hospital Mateu Orfila, donde fue intervenida quirúrgicamente y permaneció ingresada tres días.
«Me quedé a oscuras y busqué un interruptor, pero lo que hice fue dar un paso en falso y caerme al vacío. Podía haberme matado», ha relatado la propia Lola.
El ascensor lleva sin funcionar desde antes del verano, y la empresa responsable de su mantenimiento, Otis, no ha conseguido resolver la avería. Los vecinos aseguran que la situación no es nueva: durante el último año las averías han sido constantes, con el elevador parando y arrancando de forma intermitente, incluso dejando a personas atrapadas en su interior.
La presidenta de la comunidad, Guadalupe, señala que la situación es especialmente grave porque la mayoría de los residentes del segundo al cuarto piso son personas de edad avanzada. «Venían un día a arreglarlo y al siguiente volvía a estar estropeado», lamenta.
La indignación se extiende más allá del número 3. En la misma manzana hay varios bloques que comparten comunidad y suman ocho ascensores en total, de los cuales tres están actualmente fuera de servicio, todos bajo contrato de mantenimiento con la misma empresa. Cuando los vecinos llaman para reclamar, la respuesta que reciben es que no son los únicos afectados y que la pieza de repuesto aún no ha llegado.
Otra vecina ya había presentado una denuncia ante la Oficina de Consumo porque su marido, con una discapacidad del 75 por ciento, se encuentra prácticamente aislado en su casa sin ascensor.
La comunidad espera ahora que la administradora de la finca convoque una junta urgente para decidir qué acciones legales emprender. Mientras tanto, Lola se recupera en casa, con el brazo escayolado y la certeza de que todo esto era evitable.
Más noticias de Menorca
Las urgencias de Son Llàtzer vuelven al límite: 114 pacientes, 21 esperando cama y derivaciones a otro hospital
Menorca pone freno a los coches: la isla tendrá por ley el poder de cerrar sus puertas a los vehículos foráneos
Binibèquer se llena de solidaridad con Palestina el próximo 12 de septiembre con música, talleres y una nadada popular