El guía turístico de Maó que arenga contra la inmigración desde el mismo atril donde narra la historia de la ciudad

Un mismo hombre, una misma tarima y dos discursos radicalmente opuestos. Así podría resumirse la figura de Fernando Serrano, excandidato de Vox a la alcaldía de Maó en las elecciones de 2019 y conocido guía turístico de la capital menorquina.

El guía turístico de Maó que arenga contra la inmigración desde el mismo atril donde narra la historia de la ciudad

Serrano se ha hecho notar recientemente por su participación en una concentración celebrada en Maó en apoyo a Ceuta, donde tomó la palabra para lanzar arengas contra la inmigración ante los asistentes. Una actuación que no ha pasado desapercibida en la isla, dado el perfil público del protagonista.

El contraste resulta llamativo. El mismo hombre que señala a los inmigrantes como supuestos invasores es también quien, con entusiasmo y detalle histórico, conduce a grupos de turistas por los rincones más emblemáticos de Maó. Les habla de la iglesia de Santa Maria, del edificio Consistorial, o les lleva hasta el castillo de San Felipe para relatarles el asedio que sufrieron los británicos en 1756, un episodio que costó la vida a unos 400 soldados y heridos, entre ellos el almirante John Byng.

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Los gigantes Tomeu y Guida, instalados en la fachada del Ayuntamiento, parecen asistir impertérritos a esta doble función.

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El hecho no es anecdótico. Refleja una tensión que se vive en muchos municipios españoles, donde el discurso de la extrema derecha convive con el día a día de una economía que depende en buena medida del turismo y de la mano de obra inmigrante.

Serrano, con pasado en el Partido Socialista antes de dar el salto a Vox, es un ejemplo de esa contradicción. Capaz de emocionar a los visitantes con los grandes relatos de la historia de Menorca y, al mismo tiempo, de subirse a una tarima para alimentar el recelo hacia quienes llegan hoy buscando un futuro mejor.

Como apunta quien recoge esta historia, el mundo parece dividido entre inmigrantes y turistas. A unos se les celebra, a otros se les teme. Y a veces quien marca esa diferencia es la misma persona, desde el mismo lugar.

La historia, en cualquier caso, sigue escribiéndose. Y Menorca, como siempre, no queda al margen de ella.