Vecinos y ecologistas denuncian que el río Oroncillo lleva años convirtiéndose en una cloaca a su paso por Ameyugo

El río Oroncillo atraviesa la comarca de Miranda de Ebro cada vez en peores condiciones. Vecinos de Ameyugo y el colectivo ecologista Queremos Ríos Vivos llevan años alertando de un deterioro que no cesa y que cada verano se hace más evidente y más difícil de ignorar.

Vecinos y ecologistas denuncian que el río Oroncillo lleva años convirtiéndose en una cloaca a su paso por Ameyugo

La señal más visible llega con el calor. Cuando el caudal baja, el agua adquiere un tono blanquecino y lechoso que los propietarios de fincas próximas describen también por su olor: a aguas fecales. Javier Pereda, uno de esos vecinos afectados, lo resume sin rodeos: el río está sucio, huele mal y lleva así ya varios años. En invierno, las lluvias diluyen el problema, pero no lo resuelven.

El colectivo Queremos Ríos Vivos apunta a una mezcla entre aguas pluviales y residuales en la zona del área de descanso de Ameyugo como una de las causas del problema. Según denuncian, lo sólido se filtra, pero el agua sucia termina yendo directa al cauce. Este mismo verano, una de las fosas del área llegó a desbordarse y el líquido alcanzó el camino que conduce a las fincas del entorno. Aseguran que no es algo nuevo: ocurre todos los veranos.

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A este problema se suma ahora una amenaza adicional. Las obras de ampliación del aparcamiento del área de descanso han traído decenas de camiones cargados de tierra y piedras que se están depositando en una finca junto al río. Los propietarios temen que, con las primeras lluvias, ese material acabe filtrándose hacia el cauce. Las empresas cuentan con autorización de la Junta de Castilla y León, pero los vecinos reclaman un control real sobre qué materiales se están acumulando y qué riesgo suponen.

El estado de las riberas agrava el diagnóstico. Queremos Ríos Vivos estima en cerca de un kilómetro los tramos más deteriorados entre Valverde y Pancorbo, con presencia de aceites, muebles, electrodomésticos, neumáticos y plásticos en las orillas. A eso se añade la contaminación por fertilizantes y pesticidas agrícolas, así como la reducción de caudal por las captaciones de abastecimiento, que hace aún más visible la turbidez del agua.

Los activistas recuerdan que llevan años trasladando estos problemas a las administraciones entre reuniones y promesas que no se han traducido en mejoras reales. El Oroncillo, mientras tanto, sigue ahí: cada vez más turbio, más cargado y más lejos del río que los vecinos de la zona recuerdan haber conocido.