El taller de la calle Seminario de Sigüenza acogió el pasado sábado un acto tan íntimo como significativo: la entrega de la ‘Maceta del cincelador’, un reconocimiento que no se concedía desde antes de la pandemia y que volvió para rendir homenaje a dos figuras esenciales para el arte y la cultura de la ciudad.

El protagonista indiscutible de la jornada fue Mariano Canfranc, considerado el máximo exponente nacional del cincelado, un oficio artesanal que hoy se encuentra al borde de la extinción. Canfranc fue quien entregó el galardón a Juan Garrido, fundador del Club Siglo Futuro, hoy convertido en Fundación, una institución que organiza cerca de un centenar de actos culturales al año repartidos por la capital y numerosos pueblos de la provincia.
El intercambio de palabras entre ambos hombres marcó el tono del encuentro: elogios mutuos, cariño sincero y el peso de una trayectoria compartida al servicio de la cultura seguntina. Al acto se sumaron voces de peso como la de Ana Blasco, concejala de Cultura de Sigüenza, o la de Pilar Martínez Taboada, cronista oficial de la ciudad. También estuvieron presentes el exalcalde Juan Carlos García Muela, Javier Sanz Serrulla, médico y académico, Elena Guijarro, decana en Castilla-La Mancha del Colegio de Arquitectos, José Manuel Latre, quien fuera alcalde y presidente de la Diputación, representantes de la Fundación Siglo Futuro y Toñi, esposa de Mariano. La jornada cerró con una comida en El Mesón, donde Fran y su padre José Luis pusieron el calor de siempre.
Sin embargo, la celebración tuvo también su sombra. Canfranc ya está jubilado y, aunque se muestra dispuesto a enseñar su arte a quien quiera aprenderlo, nadie ha dado el paso todavía. Si no aparece un sucesor, o si las instituciones municipales o regionales no toman cartas en el asunto para fomentar este oficio, el cincelado podría desaparecer de Sigüenza para siempre.
Una ciudad que ha hecho del patrimonio y la artesanía parte de su identidad no puede permitirse perder uno de los elementos que la hacen única. La ‘Maceta’ está entregada. Ahora falta saber si alguien la tomará para seguir golpeando.



