Las colonias de gatos callejeros llevan años formando parte del paisaje de Salamanca, pero los últimos meses revelan una realidad preocupante: los nacimientos no se detienen y el programa municipal de control apenas da abasto.

En puntos como la calle Juan Ruiz Peña, junto al parque de Huerta Otea, es posible encontrar en cualquier tarde más de una veintena de gatos. Entre ellos, muchos crías de pocos meses. Y lo más revelador es que gran parte de los ejemplares adultos no presenta el corte en la oreja que identifica a los animales que ya han pasado por el proceso de captura, esterilización y retorno a su colonia.
Este protocolo, conocido como CER, es el método reconocido para gestionar de forma controlada y ética estas poblaciones felinas. Sin embargo, los gestores de colonias reclaman al Ayuntamiento más recursos para aplicarlo con la agilidad que la situación requiere. Mientras los trámites avanzan, los gatos siguen reproduciéndose.
La presencia de colonias no genera una opinión uniforme entre los vecinos. Hay quienes las ven con cariño y no dudan en dejarles comida por su cuenta, un gesto prohibido fuera de la gestión autorizada. Otros residentes, en cambio, señalan los olores, la suciedad y las molestias que generan en portales y jardines.
Pero más allá del debate vecinal, existe un problema medioambiental que no siempre se menciona. Los gatos, aunque estén bien alimentados, conservan el instinto cazador. En una ciudad como Salamanca, donde la ribera del Tormes y sus zonas verdes albergan aves, reptiles y pequeños mamíferos, el impacto de las colonias sobre la fauna local puede ser considerable.
🍢Vota tu pincho favorito de la Feria de Día34 casetas · Top 10 en directo · pincho de feria a 3,50 €En marchaA eso se suma otro efecto menos visible: los puntos donde se deposita comida de manera irregular atraen también a roedores e insectos, especialmente cuando los restos no se recogen correctamente.
El Ayuntamiento asegura que más del 85% de los gatos registrados en las colonias ya han sido esterilizados y que el programa sigue activo. Pero los nuevos nacimientos en colonias poco controladas demuestran que queda trabajo por hacer.
Salamanca tiene ante sí un reto que va más allá del amor por los animales: gestionar con rigor y recursos suficientes una realidad urbana que afecta tanto al bienestar de los propios gatos como al equilibrio del entorno natural de la ciudad.
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