El itinerario cultural que sigue los pasos del héroe medieval Rodrigo Díaz de Vivar vive su mejor momento en la provincia de Burgos, donde cada temporada atrae a más viajeros y despierta el interés de negocios locales que buscan sumarse a su creciente red de servicios.

La ruta parte de Vivar del Cid, en el hito conocido como la Legua Cero, y atraviesa municipios de gran valor histórico y paisajístico como Burgos capital, Covarrubias, Santo Domingo de Silos o Huerta del Rey antes de continuar hacia Soria, Zaragoza y el Levante español.
El Consorcio Camino del Cid, entidad pública sin ánimo de lucro que gestiona el itinerario, confirma un aumento notable en el volumen de consultas y sellados del salvoconducto oficial respecto a temporadas anteriores. Los datos definitivos del verano están aún en proceso, pero las tendencias apuntan a un récord de participación.
Al ser el punto de partida original de la leyenda cidiana, Burgos ejerce un fuerte efecto llamada. La mayoría de los viajeros opta por comenzar desde el inicio y muchos dividen la extensa ruta en etapas interanuales, lo que convierte los tramos burgaleses en los más frecuentados de todo el recorrido.
Uno de los efectos más visibles es la transformación del tejido económico en los pequeños municipios de la provincia. Jimena González, administrativa del Consorcio, lo resume con claridad: en 2003 apenas existían alojamientos en ciertos tramos y hoy hay varios. La necesidad de crear hospedajes o tiendas de ultramarinos en pueblos minúsculos demuestra el valor de la ruta como herramienta contra la despoblación.
A diferencia del Camino de Santiago, el Camino del Cid no cuenta con una red pública homogénea de albergues, lo que empuja a los viajeros hacia la oferta privada local y beneficia directamente a hostales, restaurantes y comercios de los municipios por los que pasa.
Para ordenar y potenciar esa oferta, el Consorcio puso en marcha en 2025 el Club de Producto del Camino del Cid. La adhesión no para de crecer. Cada vez llegan más solicitudes de alojamientos, restaurantes, oficinas de turismo y tiendas que quieren lucir el sello cidiano.
El perfil del viajero también está evolucionando. El cicloturista mayor de 60 años se ha convertido en el protagonista del inicio del recorrido en Burgos, atraído por la longitud de la ruta y la riqueza cultural del territorio. A este segmento se suma un notable crecimiento de turistas internacionales, señal de que el legado del Cid empieza a resonar mucho más allá de nuestras fronteras.
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