El sueño de vivir en la Carretera de Carmona se aleja para los sevillanos de a pie

La Carretera de Carmona ha pasado de ser una salida industrial y obrera de la ciudad a convertirse en uno de los ejes residenciales más codiciados y caros de Sevilla. En apenas una década, el precio del metro cuadrado ha subido entre un 35 y un 50 por ciento, superando ya los 3.100 euros. Una cifra que deja sin opciones a muchas familias que un día llamaron a este barrio su hogar.

El sueño de vivir en la Carretera de Carmona se aleja para los sevillanos de a pie

María es una de esas vecinas. Hace diez años buscaba un piso sencillo, de tres habitaciones, para sacar adelante a sus hijos. Las circunstancias la alejaron del barrio, y ahora esos mismos hijos, ya adultos, no pueden ni plantearse vivir aquí. «Vivir aquí hace un tiempo no era gran cosa», recuerda con amargura. «Había quien no quería decir que era de la Carretera de Carmona. Ahora ya no pueden ni permitírselo».

Este eje que conecta la Ronda de Capuchinos con los distritos de la Macarena y San Pablo-Santa Justa ha experimentado una transformación que avanza a marchas forzadas. La Residencial Fábrica de Vidrio, con más de 80 viviendas y la rehabilitación del antiguo edificio industrial, es el proyecto más ambicioso en marcha. No es el único. La Residencial Atalaya, promovida en 2018 con cerca de 400 pisos de altas calidades, ya marcó entonces el cambio de imagen del enclave.

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Pedro, que conserva una casa heredada en la calle Maestro Solano, lo ve desde su ventana cada día. «Vivir aquí se está poniendo casi tan caro como el Centro», dice mirando los nuevos bloques que contrastan con el resto del vecindario.

Uno de los objetivos declarados de los promotores era atraer población joven al distrito. Sin embargo, con los precios actuales, ese reto se antoja difícil de cumplir. La oferta de vivienda ha crecido, sí, pero el precio va siempre de la mano, y la brecha generacional en el acceso a la vivienda se ensancha también en esta esquina de la ciudad.

La Carretera de Carmona aspira a convertirse en una arteria comercial y residencial de primer nivel. De momento, el empuje lo ponen las promotoras más que los propios comercios o los vecinos de toda la vida. El escaparate brilla, pero no todos pueden asomarse a él.

Una transformación que, como tantas en Sevilla, deja a los de siempre mirando desde fuera.