El juicio por la muerte del gaitero gijonés en Potes arranca el 18 de septiembre con una audiencia para explorar un acuerdo entre las partes

Seis años después de aquella trágica madrugada en la localidad lebaniega de Potes, los dos hombres acusados de la muerte de Javier Solares, gaitero natural de Gijón, comparecerán ante la justicia el próximo 18 de septiembre en el juzgado de lo Penal número 2 de Santander.

El juicio por la muerte del gaitero gijonés en Potes arranca el 18 de septiembre con una audiencia para explorar un acuerdo e

La magistrada Rosa Gutiérrez ha convocado a ambos procesados a una audiencia preliminar a las 11.45 horas con el objetivo de comprobar si es posible alcanzar una conformidad con las acusaciones. De no llegarse a ningún acuerdo ese día, la jueza deberá fijar una nueva fecha para la celebración del juicio oral.

La Fiscalía de Cantabria solicita para el principal acusado, quien presuntamente propinó los puñetazos, una pena de dos años y medio de prisión por homicidio imprudente. Para el segundo encausado, al que se atribuye haber pateado a la víctima cuando ya estaba en el suelo, el Ministerio Público pide dos meses de multa por un delito leve de lesiones. Además, ambos acusados deberían abonar conjuntamente 210.000 euros en concepto de responsabilidad civil.

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Los hechos ocurrieron en la madrugada del 12 de julio de 2020. Javier Solares regresaba con su pareja y otros familiares hacia su vehículo tras una cena en Potes cuando tuvo una discusión a distancia con uno de los investigados y un acompañante de este. Minutos más tarde, los dos acusados se reencontraron con el grupo y se acercaron por detrás.

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Uno de los investigados lanzó varios puñetazos contra Solares. Uno de ellos impactó en la cara del gaitero, que cayó hacia atrás y golpeó con la parte posterior del cráneo contra el pavimento. El otro acusado le propinó entonces una patada en la cabeza mientras permanecía en el suelo.

Según los informes forenses, fue el impacto de la cabeza contra el suelo lo que provocó múltiples fracturas craneales, una hemorragia cerebral masiva y, en último término, la muerte. Los médicos señalaron que la tasa de alcohol en sangre de la víctima, de 1,14 gramos por litro, pudo haber impedido que frenara la caída con los brazos. La patada posterior, según la autopsia, no contribuyó a causar el fallecimiento.

Por todo ello, tanto la jueza instructora como la Audiencia Provincial calificaron los hechos como homicidio imprudente, una figura que refleja la ausencia de intención de matar pero que reconoce la violencia como causa directa de la tragedia.

La familia de Javier Solares lleva seis años esperando que se haga justicia.