Cuatro goles de Lotina y un Logroñés que soñó con ser líder hace cuarenta años

Corría el 10 de septiembre de 1985 y Las Gaunas vivió una tarde para el recuerdo. El Logroñés goleó al Bilbao Athletic por 6-0 en un partido que dejó al club riojano como líder de su categoría al inicio de aquella temporada 1985-86. Un resultado histórico que hoy rescata la memoria futbolística de la ciudad.

Cuatro goles de Lotina y un Logroñés que soñó con ser líder hace cuarenta años

El gran protagonista de aquella jornada fue Miguel Ángel Lotina, recién nombrado capitán del equipo. El delantero firmó cuatro de los seis goles y participó directamente en los otros dos, convirtiéndose en el alma de un Logroñés que esa noche se fue a dormir en lo más alto de la tabla.

El campo estaba prácticamente lleno. La afición respondió con entusiasmo desde el primer momento y el ambiente que se respiró en Las Gaunas fue el de una celebración. La contundencia del marcador y el buen juego desplegado por los riojanos alimentaron la ilusión de toda una ciudad que empezaba a ver en su equipo a un posible revelación de la competición.

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Las crónicas de la época destacaron la solidez ofensiva del conjunto local y la actuación sobresaliente de Lotina, que aquella tarde demostró por qué se había ganado el brazalete de capitán. Cuatro goles en un solo partido no es algo que se vea todos los días, y menos con esa facilidad y con esa participación en el juego colectivo.

Sin embargo, los más cautos pedían prudencia. La temporada acababa de empezar y quedar líder en la primera jornada es un titular bonito, pero no una garantía de nada. El fútbol, entonces como ahora, tiene mucho camino por delante.

Lo que nadie podía negar es que el Logroñés de aquel otoño del 85 transmitía confianza, ganas y un hambre colectiva que se contagiaba desde el césped hasta las gradas. La goleada al Bilbao Athletic fue la primera señal de que algo especial podía estar gestándose en la capital riojana.

Cuarenta y un años después, aquella efeméride sigue despertando el orgullo de los aficionados que la vivieron y la curiosidad de las generaciones que llegaron después. El fútbol tiene esa capacidad única de unir el pasado con el presente, y Logroño guarda con cariño noches como aquella.