Sevilla ha quedado en una posición de desventaja respecto a otras grandes ciudades españolas en el reparto de los fondos europeos Next Generation. Los datos definitivos, una vez cerrados los plazos para justificar los proyectos financiados, revelan que la capital hispalense recibió menos dinero por habitante que urbes de tamaño similar como Zaragoza, Valencia o la propia Málaga.

En concreto, Sevilla ha captado algo más de 68 millones de euros procedentes de Europa, lo que equivale a 99,41 euros por cada ciudadano empadronado. Una cifra que, aunque no es despreciable, se queda claramente por debajo de la barrera de los 100 euros y resulta inferior a la de sus ciudades comparables en población y dimensión.
El contraste es llamativo. Valencia, con una población algo mayor, recibió unos 112 millones de euros, lo que se traduce en 139,28 euros por habitante. Zaragoza, con un censo muy parecido al de Sevilla, obtuvo cerca de 79 millones, unos 15 millones más que la capital andaluza, con una media de 115,74 euros por vecino.
El caso de Málaga resulta especialmente significativo por tratarse de otra ciudad andaluza. Con poco más de 586.000 habitantes, la capital malagueña recibió alrededor de 70 millones de euros, lo que sitúa su media en 119,37 euros por ciudadano, superando igualmente a Sevilla.
La mayor parte de estos fondos, gestionados principalmente por el Gobierno central y en menor medida por la Junta de Andalucía, fueron distribuidos a través de convocatorias oficiales. Que Sevilla haya salido perdiendo en esa distribución es una cuestión que los responsables municipales no han pasado por alto.
El Ayuntamiento que encabeza José Luis Sanz ha logrado ejecutar en torno al 70% de los fondos captados. La movilidad sostenible ha sido el eje central de las inversiones: la Zona de Bajas Emisiones de la Cartuja y el proyectado tranvibús que conectará Sevilla Este con el Centro son los proyectos más destacados financiados con estas ayudas.
El balance deja, no obstante, una sensación agridulce. Sevilla, una de las ciudades más importantes del sur de Europa, vuelve a constatar que su peso real en el reparto de recursos públicos no siempre se corresponde con su tamaño ni con sus necesidades. Una desigualdad que, según apuntan desde el Consistorio, merece una revisión en los próximos ciclos de financiación europea.



