El sindicato CCOO ha lanzado una advertencia sobre los posibles efectos negativos que tendría para los ciudadanos de las Islas Baleares la cogestión de los aeropuertos del archipiélago.

Según el sindicato, este modelo de gestión compartida podría encarecer significativamente la operativa aeroportuaria, lo que acabaría repercutiendo directamente en las tasas aplicadas a los vuelos y, en consecuencia, en el precio final de los billetes que pagan tanto los residentes como los visitantes.
Para los isleños, que ya cargan con los sobrecostes propios de vivir en un territorio insular, esta posibilidad resulta especialmente preocupante. El derecho a la movilidad de los residentes en Baleares depende en gran medida de contar con precios aéreos razonables, y cualquier incremento en las tasas puede golpear duramente su economía doméstica.
Más allá del impacto económico directo, CCOO critica que la propuesta de cogestión no aborda el problema de fondo que preocupa a gran parte de la sociedad balear: la masificación turística. El sindicato señala que este modelo no contempla ningún mecanismo para limitar el número de vuelos que operan en los aeropuertos de las islas, por lo que no serviría como herramienta para regular la presión turística sobre el territorio.
En otras palabras, el resultado podría ser el peor escenario posible: más caro para los residentes y sin ninguna mejora en la gestión de los flujos de visitantes que saturan infraestructuras, playas y recursos naturales cada temporada estival.
Desde el sindicato insisten en que cualquier cambio en el modelo de gestión aeroportuaria debe tener como prioridad el bienestar de la ciudadanía residente y la sostenibilidad del territorio, y no únicamente criterios económicos o de rentabilidad.
El debate sobre el modelo aeroportuario en Baleares lleva meses sobre la mesa y genera posiciones encontradas entre administraciones, sindicatos, sectores empresariales y colectivos sociales. Lo que parece claro es que cualquier decisión que se tome tendrá consecuencias directas en la vida cotidiana de los mallorquines y del resto de isleños, y que el tiempo para actuar con criterio y transparencia se agota con cada nueva temporada récord de turismo.
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