Con una semana por delante para que Logroño dé el pistoletazo oficial a sus fiestas de San Mateo, conseguir mesa en un bar para el almuerzo del día del cohete se ha convertido en toda una odisea. La demanda desborda a los hosteleros y los carteles de «completo» se han adelantado como nunca.

La costumbre de reunirse con la cuadrilla para comer bien antes de que suene el primer cohete lleva años ganando adeptos en la capital riojana. Lo que empezó como algo informal se ha convertido en una tradición consolidada que mueve a grupos de todas las edades y todos los tamaños, desde cuadrillas de cuatro amigos hasta reuniones de treinta personas.
Adrián Moracia, al frente del café más antiguo de la ciudad, el Moderno, lo tiene claro: «Es algo que va claramente a más». Su local, situado en la plaza Martínez Zaporta, lleva años ofreciendo este servicio en doble turno, uno a las nueve de la mañana y otro pasadas las once. Aun así, llevan un mes con todo reservado.
En la bodega El Cache, de la calle San Millán, la situación es similar. Su cocinera, Susi Fernández, señala que hay clientes que reservan de un año para otro sin falta. «Sabes que tienes que contar con ellos», explica.
El fenómeno también ha llegado a establecimientos más nuevos. El bar Neira, abierto apenas unos meses, recibió sus primeras reservas para San Mateo el mismo día de su inauguración, el 1 de abril. Su copropietario, Sergio Díez Cámara, tuvo que poner freno a las peticiones cuando llegaron a 180 comensales. «Si hubiésemos querido, habríamos podido dar fácilmente el triple, pero decidimos poner un límite para ofrecer un buen servicio», reconoce.
El menú estrella de la ocasión no ha cambiado: huevos fritos, patatas y algún acompañamiento de producto local. En el Neira, por ejemplo, se sirven con jamón pimentonado riojano y chorizo de la tierra. Para hacerse una idea de la magnitud, Díez Cámara desvela que tienen pedidos cerca de 400 huevos solo para ese día.
Los hosteleros coinciden en que la clave del éxito está en la organización. Cuadrillas que se planifican con meses de antelación, bares que afinan sus cocinas y una ciudad que ha convertido el almuerzo previo al cohete en uno de los rituales más esperados de sus fiestas grandes.
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