Valencia lleva tres años apostando por ampliar su parque de vivienda asequible en un momento en que la crisis habitacional se ha convertido en la principal preocupación de sus vecinos. El mercado libre alcanza precios máximos históricos y cada vez son más las familias y jóvenes que no pueden acceder a un hogar digno.

Desde junio de 2023, el Ayuntamiento ha incorporado 523 nuevos inmuebles a su patrimonio público, lo que sitúa el total en torno a las 1.308 viviendas. Este incremento del 66% incluye tanto los recursos gestionados directamente por el Servicio de Vivienda como las promociones a cargo de la empresa pública Aumsa.
El principal motor de este crecimiento ha sido el derecho de tanteo y retracto, un mecanismo que permite a la administración igualar la oferta de un comprador privado para quedarse con el inmueble. A través de esta vía se han captado 273 viviendas, repartidas en tres operaciones: un bloque de 134 pisos en el barrio de Safranar y otros dos edificios en la pedanía de La Torre, con 131 y 8 unidades respectivamente.
Esta fórmula ha demostrado ser mucho más ágil que la construcción de obra nueva, que exige largos plazos de tramitación y ejecución. Paradójicamente, el mismo partido que gobierna hoy la ciudad se opuso en su momento al decreto autonómico que impulsó este mecanismo, pero la gestión municipal ha terminado por consolidarlo como una herramienta clave.
Junto al tanteo, el consistorio ha recurrido a las permutas patrimoniales, cediendo suelo municipal a promotores privados a cambio de edificios terminados. Por esta vía han llegado otras 125 viviendas al parque público. El resto de las incorporaciones corresponde al remate de promociones ya en marcha, como las 75 viviendas de la avenida Tarongers o los edificios finalizados en Moreras, Tapinería y Sogueros.
Aun así, el esfuerzo no alcanza para cubrir la demanda. En el último listado de Aumsa figuran cerca de 1.200 personas esperando una vivienda protegida, aunque la cifra llegó a rozar las 1.900 el año pasado. El parque crece, pero la lista de espera sigue siendo larga y la presión sobre el mercado no da tregua.
La ampliación del patrimonio público es un paso, pero quienes aguardan una solución habitacional en Valencia saben que todavía queda mucho camino por recorrer.
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