Menorca envejece más rápido que ninguna otra isla balear y su sistema sanitario ya nota la presión

Menorca se ha convertido en la isla más envejecida de las Balears. Uno de cada cinco habitantes tiene más de 65 años y los jubilados superan en un tercio a los niños menores de 14. Son cifras que marcan el presente, pero sobre todo anticipan un futuro exigente para la sanidad pública.

Menorca envejece más rápido que ninguna otra isla balear y su sistema sanitario ya nota la presión

El nuevo Plan Estratégico de Salud de les Illes Balears 2026-2030, aprobado recientemente por el Govern, pone negro sobre blanco lo que los datos demográficos llevan tiempo apuntando: Menorca tiene un 18,4 por ciento de población mayor de 65 años y una tasa de dependencia de entre el 47 y el 48 por ciento, de las más elevadas de la comunidad autónoma.

Ese indicador mide la presión que soporta la población activa para sostener a quienes no están en edad de trabajar. En Menorca y Mallorca esa carga es significativamente mayor que en Eivissa o Formentera, lo que exige, según el propio plan, políticas sanitarias diferenciadas según cada territorio.

La esperanza de vida en Balears se mantiene alta. Las mujeres alcanzan los 86 años y los hombres los 81, pero los años de vida en buenas condiciones de salud se sitúan en torno a los 79. Eso significa que una parte importante de la población pasa los últimos años con alguna enfermedad crónica o limitación, lo que dispara la demanda de atención continuada.

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A esto se suma que la natalidad lleva una década cayendo sin freno, con un descenso del 25 por ciento en ese período. La base de la pirámide poblacional se estrecha mientras la cúspide no para de crecer.

El modelo de cuidados también está cambiando, y no precisamente para aliviar la situación. Más del 55 por ciento de los hogares de Balears tienen una o dos personas, y las proyecciones apuntan a que en 2039 el 30 por ciento serán unipersonales. Eso implica que cada vez más personas mayores vivirán solas, sin una red familiar de apoyo que pueda asumir cuidados informales tras una operación o en el manejo de enfermedades crónicas.

El encarecimiento de la vivienda añade otro factor de vulnerabilidad social que el sistema sanitario termina absorbiendo de una u otra forma.

El plan aprobado reconoce que la isla necesita reforzar los servicios de apoyo y promover el envejecimiento activo para ganar años de vida saludable, no solo años de vida. El reto está sobre la mesa. Ahora toca ver si los recursos llegan a la altura del diagnóstico.