La Plaza del Ayuntamiento de Logroño vivió este domingo una mañana muy especial. Los habituales actos oficiales dejaron paso a un ambiente familiar y emotivo, con carritos de bebé, brazos cargados de ilusión y cientos de familias reunidas para una ocasión única.

Un total de 305 niños y niñas recibieron por primera vez el pañuelo de las fiestas de San Mateo, convirtiéndose así en los protagonistas absolutos de una jornada marcada por el calor, tanto el del sol que apretó durante toda la mañana como el que desprendió cada rincón de la plaza.
El acto, organizado para dar la bienvenida a los más pequeños a una de las tradiciones más arraigadas de la ciudad, congregó a decenas de familias que no quisieron perderse el momento en que sus hijos lucían por primera vez ese símbolo tan ligado a la identidad riojana y a sus fiestas mayores.
Las imágenes lo decían todo: pañuelos todavía grandes para los cuellos que los estrenaban, miradas curiosas de los bebés y sonrisas emocionadas de padres, madres, abuelos y familiares que inmortalizaban el instante con sus teléfonos.
San Mateo es, para Logroño, mucho más que unos días de celebración. Es un vínculo generacional que se renueva cada año, y este tipo de actos refuerzan precisamente eso, la transmisión de una costumbre que pasa de manos en manos, o en este caso, de cuello en cuello.
Los 305 nuevos portadores del pañuelo se suman así a la larga lista de logroñeses que han vivido su bautismo festero en la misma plaza donde, año tras año, la ciudad se detiene un momento para mirarse a sí misma y reconocerse en sus hijos más pequeños.
Una mañana para el recuerdo que, sin duda, muchas familias guardarán entre sus mejores fotos de este septiembre de 2026.



