La reciente crecida del río Duratón ha generado preocupación y malestar en Rábano, un pueblo con apenas 170 habitantes. Después de que las aguas alcanzaran las puertas de varias viviendas, los vecinos han expresado su descontento respecto a la gestión del desembalse de la presa de Las Vencías. Este incidente marca la segunda vez que el pueblo enfrenta inundaciones en dos años, llevando a muchos a cuestionar la planificación de la Confederación Hidrográfica del Duero.

El agua comenzó a inundar las calles a las diez de la noche, tras un desembalse que se había anunciado previamente, pero que la mayoría de los vecinos consideran deficiente. Ángel Blas, uno de los afectados, compartió su experiencia tras ver cómo el agua llegó a su cochera, a pesar de sus esfuerzos por contenerla. La falta de un plan efectivo ha dejado su casa, de adobe, en riesgo de sufrir humedades futuras, lo que añade a su frustración.
El alcalde del pueblo, Juan García, de 91 años, pasó la noche vigilando el caudal del río. A pesar de la angustia, la situación parece haber mejorado con el tiempo, aunque los residentes no dejan de señalar que no deberían acostumbrarse a este tipo de eventos. Jaime de la Torre, otro vecino, comentó sobre la ineficacia en la gestión del desembalse. Los habitantes locales consideran que deberían haberse tomado medidas preventivas más efectivas antes de liberar grandes volúmenes de agua.
La improvisación se hizo evidente cuando los vecinos intentaron construir un dique de tierra para frenar la llegada del agua. Sin embargo, esta medida resultó contraproducente, pues terminó por acumular el agua en las entradas de las casas. Aún así, los residentes se unieron para tratar de salvaguardar sus viviendas en un clima de creciente angustia.
Carmen Lázaro, quien también ha padecido inundaciones en el pasado, optó por sellar su hogar con barreras herméticas. Aunque esta acción logró prevenir daños mayores esta vez, la legislación y la planificación urbanística son elementos que muchos consideran insuficientes ante situaciones de riesgo por inundaciones.
El impacto de la crecida también ha afectado al área recreativa del pueblo, donde un parque infantil y varias canchas de deportes han quedado inundadas. Los vecinos están preocupados no sólo por la pérdida de sus propiedades, sino también por el bienestar de los niños que juguetean en esos espacios.
A medida que el caudal del Duratón ha comenzado a descender, los residentes han vuelto a retomar sus rutinas diarias, aunque el temor a futuras inundaciones persiste. La comunidad ha expresado la necesidad de una revisión exhaustiva de la gestión de recursos hídricos y de un enfoque más preventivo para evitar estos episodios.
Las inquietudes sobre el manejo del agua y la preparación frente a inundaciones siguen sobre la mesa, con vecinos que piden una mayor atención por parte de las autoridades locales. Se espera que se tomen decisiones sobre este tema en los próximos días, lo que dejará a la comunidad a la espera de respuestas efectivas.
