Altamira cierra con nota alta, pero los mirandeses piden conciertos más ambiciosos para el año que viene

Las fiestas de la Virgen de Altamira han dejado un sabor agridulce en Miranda de Ebro. Cuatro días de celebración que los vecinos valoran en conjunto de forma positiva, aunque con una queja que se repite de boca en boca: los conciertos del escenario principal no han estado a la altura de lo que la ciudad espera.

El balance general es favorable. Las calles de Miranda han vivido una fiesta animada, con una amplia oferta para todos los públicos que ha funcionado especialmente bien en el apartado familiar. El parque Antonio Cabezón se convirtió durante estos días en el centro de atención de los más pequeños, con hinchables, títeres, circo y espectáculos de magia que mantuvieron una programación casi sin pausas.

Las grandes citas tradicionales también han cumplido. Las carrozas han recibido buenas valoraciones este año, con el aliciente del regreso de Arco Iris y la incorporación de Sagrados Corazones al desfile. Los gigantes y cabezudos, junto a los espectáculos de pirotecnia y fuegos artificiales, se sitúan entre los momentos más celebrados por los mirandeses consultados.

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Sin embargo, la noche es donde aparece el punto débil. El escenario de la calle Cantabria ha acogido este año a Da Igual, la Banda Municipal con Jimenos Band, Mikel Erentxun y Celtas Cortos. Nombres que no han convencido del todo a una parte de la ciudadanía, que echa en falta actuaciones de mayor tirón y, sobre todo, propuestas capaces de atraer al público joven.

La crítica no alcanza a toda la programación musical. Las Noches de Altamira y otros conciertos repartidos por la ciudad han tenido mejor recibimiento. El foco de las quejas apunta directamente a los artistas elegidos para el escenario central, que muchos consideran insuficientes para una ciudad del tamaño de Miranda.

La fiesta mayor cerró ayer su última jornada con una imagen que resume bien todo lo vivido: gigantes, cabezudos, coches clásicos, artesanía y vecinos de todas las edades en la calle. El ambiente ha estado presente durante los cuatro días, y eso es algo que ningún mirandés pone en duda.

Altamira 2026 deja, en definitiva, más aciertos que errores. Pero la deuda con los conciertos queda pendiente para la próxima edición, y los vecinos ya han dejado claro que esperan una apuesta más valiente sobre el escenario principal.