Menorca despide el verano con el agua contaminada, sin vivienda asequible y la política sin respuestas

El fin de la temporada estival deja en Menorca un balance que poco tiene que ver con la melancolía de las canciones de antaño. Los problemas que han marcado estos meses van mucho más allá del calor y los turistas: agua contaminada, salinización de pozos, viviendas convertidas en negocios y una clase política que sigue sin mover ficha.

Menorca despide el verano con el agua contaminada, sin vivienda asequible y la política sin respuestas

El agua ha sido, quizá, la gran protagonista del verano en negativo. La salinización de pozos en distintos puntos de la isla avanza sin que las instituciones hayan adoptado medidas concretas. Una parte significativa de la población convive con una contaminación cuyos efectos sobre la salud podrían hacerse evidentes con el paso de los años, según advierten quienes llevan tiempo alertando del problema.

Lo más llamativo es la pasividad de los partidos. PP, PSOE, MÉS y el resto de las fuerzas políticas no han mostrado, en opinión de numerosos vecinos, ni el interés ni la capacidad necesarios para abordar una situación que se arrastra desde hace tiempo. Las instituciones, mientras tanto, mantienen una llamativa indiferencia ante la gravedad de lo que ocurre.

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Hay, además, una señal que conviene no ignorar: la desaparición progresiva de pájaros en el campo menorquín. Como los canarios que los mineros llevaban a los pozos para detectar gases tóxicos, las aves son uno de los mejores indicadores de la calidad del aire y del agua. Cuando escasean, algo falla. Y en Menorca, últimamente, escasean.

La vivienda tampoco ha dado tregua. Este verano ha vuelto a quedar en evidencia la brecha entre quienes han ingresado miles de euros alquilando cualquier espacio habitable y quienes no encuentran un techo donde vivir. Las movilizaciones ciudadanas se han sucedido, pero las promesas políticas siguen siendo el único fruto visible.

Y luego está el escaparate. Menorca es una sociedad en la que las apariencias importan mucho. Los debates y foros de verano congregan a figuras conocidas y llenan de fotos las redes, pero los resultados concretos brillan por su ausencia tras años de celebraciones.

El verano se va, pues, sin la melancolía sentimental de otras épocas. Se va dejando una isla con problemas reales que no esperan al otoño para seguir ahí. Y esa es la verdadera noticia.