León sigue rindiendo homenaje a uno de los rincones más fascinantes de su patrimonio. La figura de San Jorge que preside la fachada de Casa Botines cumple este mes de septiembre 133 años desde que fue colocada, un 15 de septiembre de 1893, sobre la entrada del edificio que Antoni Gaudí diseñó para ser construido en 1892.

La escultura no es solo el símbolo más reconocible de uno de los edificios más queridos por los leoneses. Es también la protagonista de uno de los episodios más sorprendentes de la historia arquitectónica de la ciudad.
Fue el escultor Llorenç Matamala quien dio forma en piedra arenisca al dibujo original del propio Gaudí, creando una figura que durante décadas vigiló en silencio la vida de León desde las alturas de su fachada.
El gran secreto llegó a la luz en los años 50 del siglo pasado, cuando las obras de consolidación de la fachada obligaron a retirar la escultura. En su interior apareció un tubo de plomo que escondía los planos originales firmados por Gaudí, un acta de la construcción, ejemplares del periódico El Campeón, un calendario de las obras y monedas de la época. Un hallazgo que todavía hoy deja sin palabras a quienes lo escuchan de boca de los guías turísticos.
La historia, sin embargo, no termina ahí. El San Jorge que hoy ocupa su lugar no es el original, sino una figura de cuerpo más joven pero de idéntico espíritu, según señalan desde el Museo Casa Botines. Y la tradición parece haberse repetido: según documentos consultados durante los trabajos de restauración acometidos entre 2023 y 2024, los responsables de aquellas obras de los años 50 habrían introducido en la escultura otro tubo con periódicos de la época, al modo de una cápsula del tiempo.
Aquella restauración reciente devolvió al San Jorge su blancura original tras un trabajo manual minucioso, y puso a punto la fachada de uno de los edificios más enigmáticos del genio catalán.
Este 2026, coincidiendo además con el centenario de la muerte de Gaudí, Casa Botines ha completado su renovación interior con la inauguración de una nueva sala expositiva y una reorganización integral del espacio, cerrando así un capítulo de transformación que convierte al edificio en un referente cultural renovado para la ciudad de León.
Un guardián de piedra, 133 años de historia y un misterio que nadie quiere terminar de desvelar del todo.
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