Fue un viernes de agosto de 2025 cuando Menorca se vio ante una situación para la que nadie estaba del todo preparado. Salvamento Marítimo rescató a once personas de origen subsahariano que llevaban diez días a la deriva en el Mediterráneo a bordo de una patera, localizada por un velero francés a unas 35 millas al sureste de la isla. Habían partido quince de Argelia. Cuatro no lo contaron.

Los supervivientes llegaron al puerto de Maó en un estado crítico. Fuerte deshidratación, desnutrición severa, desorientación y llagas en el cuerpo tras días sentados y empapados sobre la embarcación. Muchos no podían mantenerse en pie al tocar tierra.
El aviso llegó a las ocho de la tarde. En apenas dos horas, la Creu Roja de Menorca movilizó a una decena de voluntarios que tuvieron que improvisar sobre la marcha. El primer paso fue un triaje para determinar quién necesitaba atención urgente. Cuatro personas fueron trasladadas al Hospital Mateu Orfila. El resto recibió asistencia en el lugar y posteriormente fue conducido a comisaría para iniciar los trámites policiales.
Un miembro del personal sanitario tuvo que ejercer de intérprete de manera improvisada ante la ausencia de traductores o psicólogos especializados. A los supervivientes se les proporcionó ropa, calzado, productos de higiene, comida, bebida y la posibilidad de contactar con sus familias. Quienes no estaban hospitalizados pernoctaron en el albergue de Maó durante las 48 horas siguientes.
Tres de los once eran menores de edad, dos de ellos con 16 años y uno con 14. Quedaron bajo la tutela del Consell de Menorca y fueron acogidos por La Casa de la Infancia, donde aún permanece uno de ellos. Los demás emprendieron desde Barcelona el regreso a su país de origen.
Lo que quedó en evidencia tras esta emergencia es que Menorca es la única isla del archipiélago balear que carece de un protocolo de actuación establecido para este tipo de situaciones. Desde la Delegación del Gobierno en Balears califican estas llegadas en Menorca de extremadamente puntuales y consideran que no justifican un mecanismo específico como el que existe en las islas vecinas.
Sin embargo, quienes trabajaron sobre el terreno reconocen que la falta de recursos y de coordinación entre organismos se hizo notar, y señalan la necesidad urgente de mayor formación y canales de comunicación más claros para cuando vuelva a ocurrir. Porque puede volver a ocurrir.
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