Un equipo de profesionales sanitarios e investigadores del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete ha dado un paso importante para entender por qué algunos pacientes infectados por coronavirus desarrollaron trombos cerebrales durante la primera ola de la pandemia. El estudio acaba de publicarse en una de las revistas internacionales más prestigiosas del campo de la neuropatología.

El trabajo, desarrollado junto a investigadores de Valencia y otras instituciones nacionales, analizó doce trombos cerebrales extraídos a pacientes que sufrieron un ictus isquémico entre 2020 y la primera oleada del virus. La mitad pertenecía a personas contagiadas por el SARS-CoV-2 y la otra mitad a pacientes sin infección.
Lo que encontraron llamó la atención del equipo desde el principio. Los trombos de los pacientes con COVID-19 contenían cantidades significativamente mayores de hierro y de subunidades de hemoglobina. Los investigadores apuntan a que parte de esa hemoglobina podría estar circulando libre, fuera de los glóbulos rojos, lo que junto al estrés oxidativo podría haber favorecido la formación de coágulos.
Pero las diferencias no se quedaron ahí. Los trombos vinculados al coronavirus también resultaron más irregulares en su estructura microscópica, con mayor presencia de macrófagos, que son células del sistema inmunitario, y menor concentración de plaquetas. Todo ello apunta a un proceso conocido como inmunotrombosis, en el que la respuesta inmune y los mecanismos de coagulación se cruzan con consecuencias graves para el paciente.
El proyecto fue concebido íntegramente en Albacete, desde los servicios de Neurología, Anatomía Patológica y Radiología, junto a la Unidad de Investigación de la Gerencia de Atención Integrada. A ellos se sumaron el Hospital Nacional de Parapléjicos, la Universidad de Castilla-La Mancha y el Hospital La Fe de Valencia.
Los trombos utilizados procedían de material sobrante de las trombectomías mecánicas realizadas durante la asistencia clínica habitual, siempre con la aprobación de los comités de ética correspondientes.
La investigación ha contado con financiación del Instituto de Salud Carlos III y del Fondo Europeo de Desarrollo Regional, y su publicación en una revista situada en el primer decil de su categoría supone un reconocimiento internacional para el equipo albaceteño.
Los propios investigadores recuerdan que los resultados son exploratorios y que la muestra es pequeña. Piden estudios más amplios para confirmar los hallazgos, pero abren una vía prometedora para comprender y tratar las complicaciones neurológicas más graves ligadas al COVID-19.
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