La negociación del convenio colectivo de Renault ha entrado en su momento más crítico. La empresa francesa lanzó un ultimátum a los sindicatos: si no se llega a un acuerdo, la adjudicación de cinco modelos de vehículos a las plantas de Valladolid y Palencia quedará en suspenso, poniendo en riesgo el empleo de cerca de 6.000 trabajadores en Castilla y León.
El movimiento pilló por sorpresa a las organizaciones sindicales —CCOO, UGT, CGT, SCP y CSIF—, que llevan ya diez rondas de negociación sin alcanzar un entendimiento. Y eso que hace apenas un mes, Renault celebraba en Valladolid sus 75 años de presencia en España con un evento festivo. El contraste no ha pasado desapercibido.
Desde CCOO califican la situación de «provocación» y advierten de que la compañía no está siendo consciente del riesgo que asume. «Renault debe mucho a esta comunidad, y esta comunidad lo ha dado todo a Renault», afirmó Sergio García, secretario general de CCOO en el Intercentros de Renault España, recordando además la preocupación que ya trasladar las empresas auxiliares del sector.
UGT, por su parte, prefiere no hablar de «chantaje» y destaca que en la última reunión la empresa mostró cierta disposición a mejorar su oferta. Entre las propuestas está crear 300 empleos indefinidos durante la vigencia del convenio y subidas salariales ligadas al IPC con complementos adicionales en los tres años de vigencia. Sin embargo, cuando los sindicatos pidieron un esfuerzo mayor en la asignación de modelos —tres para Palencia, dos para Valladolid— la empresa retiró su oferta sobre la mesa.
El secretario general de UGT en Castilla y León, Óscar Lobo, apeló al diálogo como única vía para lograr «un convenio justo» que no comprometa el futuro industrial de la región. El próximo lunes está previsto que las asambleas de trabajadores se reúnan para valorar la situación y decidir los siguientes pasos.
Tanto el Ayuntamiento de Valladolid como la Junta de Castilla y León han pedido calma y «diálogo» a ambas partes, confiando en la «responsabilidad» y la «altura de miras» de empresa y sindicatos para desbloquear una situación que preocupa a toda la cadena industrial de la región.
El reloj corre. Y en Valladolid, miles de familias miran con inquietud cómo se desarrollan unas negociaciones de las que depende mucho más que un convenio.
