Los cirujanos de Valdecilla se enfrentan a dosis imposibles de calcular cuando el paciente ha consumido drogas o alcohol

Los médicos del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, en Santander, advierten de que cada vez llegan más pacientes a quirófano con el organismo habituado al alcohol, la cocaína, el cannabis u otras sustancias, lo que complica prever su respuesta a la anestesia. El fenómeno inquieta a los profesionales del centro.

Los cirujanos de Valdecilla se enfrentan a dosis imposibles de calcular cuando el paciente ha consumido drogas o alcohol

Guillermo Tejón, anestesista del hospital, explica que la dificultad surge desde el primer momento. Quien consume alcohol con regularidad tiene el hígado adaptado a procesar esa sustancia, y ese mismo órgano metaboliza la anestesia más deprisa de lo habitual. Ajustar la dosis se convierte entonces en un problema, porque superar determinados límites puede dañar al paciente.

Los casos más graves son los que llegan a urgencias en estado crítico. «Si hay un paciente con una puñalada tras una reyerta, y viene directo de la zona de ocio, con altos niveles de alcohol en sangre y con otras sustancias, está claro que para nosotros es una complicación mucho mayor», señala Tejón.

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Rubén Martín, jefe del Servicio de Neurocirugía, añade que los problemas no acaban cuando termina la operación. «Estas personas presentan complicaciones también en posoperatorios y por los síndromes de abstinencia», indica. A veces ese síndrome lleva a los médicos a pensar en una complicación quirúrgica, porque el paciente no había declarado su dependencia.

La misma situación se da en las consultas dentales. Nacho Rodríguez, presidente del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Cantabria, detalla que el cannabis obliga a aumentar las dosis de anestesia, mientras que la cocaína puede desencadenar una taquicardia severa. El riesgo crece cuando el paciente omite esa información. «Muchos pacientes que tratamos no van a confesar que consumen drogas, y esto es un problema», afirma Rodríguez.

Los profesionales señalan también que el perfil del consumidor ha cambiado. Ya no existe el drogodependiente con aspecto descuidado que resultaba fácil de identificar, según los médicos del hospital. Ahora son personas con apariencia cuidada que no delatan su dependencia a simple vista, lo que complica detectar el problema antes de operar o de sentarse en el sillón del dentista.

Con información de Diario Montañés portada.