Tudanca revive su romería más antigua llevando a la Virgen de las Nieves por la montaña en la tarde de Santiago

Los vecinos de Tudanca honraron este domingo una de las tradiciones más arraigadas del Valle del Nansa: la procesión de la Virgen de las Nieves desde la iglesia de San Pedro hasta su ermita de Vau la Reina, un emocionante recorrido de cinco kilómetros por terreno de montaña que el pueblo repite año tras año con la misma devoción de siempre.

Tudanca revive su romería más antigua llevando a la Virgen de las Nieves por la montaña en la tarde de Santiago

Los romeros portaron en andas a su patrona a lo largo de una pista que salva cerca de 600 metros de desnivel. En esta edición, el camino se presentó en mejores condiciones que en otras ocasiones gracias a los trabajos de limpieza y desbroce realizados en los días previos por el personal del servicio de Montes del Gobierno de Cantabria, a petición del Ayuntamiento de Tudanca.

La jornada del 25 de julio, festividad de Santiago, marca cada año el momento de devolver a la Virgen a su ermita. La imagen había bajado al pueblo el primer domingo de mayo, el día de la Madre, y había permanecido en la iglesia durante todo el verano. Esta costumbre tiene su origen en la necesidad de proteger a los ganaderos que antiguamente pasaban los meses más fríos en los invernales junto a sus animales, y en cuyo amparo quedaba la Virgen durante el invierno.

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La leyenda que da nombre a la festividad cuenta la aparición de la Virgen a una pastora el 5 de agosto, coincidiendo con una nevada, hecho que quedó grabado para siempre en el nombre de la devoción.

Ahora el pueblo mira ya hacia ese día grande. La Asociación Cultural Vau la Reina ha preparado un programa de actos para el primer fin de semana de agosto, con el miércoles 5 como fecha central. Ese día se celebrará una misa en el exterior de la ermita y se recuperará una vez más el tradicional baile de picayos, rescatado del olvido en 2008 gracias al impulso de la Fundación Botín y que hoy los jóvenes de Tudanca mantienen vivo con auténtico fervor.

A la celebración se suman, como cada año, vecinos de otras localidades del Valle del Nansa, convirtiendo la fiesta en un encuentro que va mucho más allá de lo religioso y que refuerza los lazos de toda una comarca alrededor de su patrona.