Mil vecinos siguen evacuados en la sierra oeste de Madrid mientras el calor extremo amenaza con reactivar el incendio

El incendio forestal que arrasa la sierra oeste de la Comunidad de Madrid amanece este jueves con el perímetro estabilizado, pero lejos de estar controlado. Las altas temperaturas previstas para los próximos días mantienen en alerta máxima a los equipos de emergencia, que trabajan sin descanso para evitar que las llamas vuelvan a cobrar fuerza.

Cinco mil vecinos evacuados en autobús mientras los incendios siguen arrasando la sierra madrileña

Durante la madrugada, los trabajos se centraron en refrescar las zonas afectadas y consolidar el perímetro, que lleva días sin avanzar. Los operarios describen la situación con pocos puntos humeantes y prácticamente sin llamas visibles, lo que supone un alivio relativo tras días de una lucha extenuante contra el fuego.

Sin embargo, las autoridades advierten de que el riesgo meteorológico sigue siendo muy alto, llegando incluso a niveles extremos en algunas zonas. El río Cofio, desde el Pantano de San Juan hasta Valdemaqueda, se mantiene como el área de mayor preocupación, donde la prioridad es que no se registre ningún foco activo.

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Más de 40 medios terrestres, junto a equipos de drones, trabajaron durante la noche en distintos puntos del operativo, incluyendo San Martín de Valdeiglesias, Pelayos de la Presa, el Encinar del Alberche en Villa del Prado y el flanco derecho del incendio, que abarca Chapinería, Colmenar del Arroyo y Fresnedillas de la Oliva.

En cuanto a la desescalada de las evacuaciones, la cuarta fase transcurrió sin incidencias y permitió el regreso de los vecinos de Valdemaqueda y Robledo de Chavela a sus hogares. No obstante, alrededor de mil personas siguen sin poder volver a sus casas. Las urbanizaciones más próximas al Pantano de San Juan, pertenecientes a San Martín de Valdeiglesias y Pelayos de la Presa, continúan desalojadas a la espera de que la situación lo permita.

Las próximas horas serán decisivas. La ola de calor que se cierne sobre la región convierte cada grado de temperatura en un enemigo más para los equipos de extinción, que tendrán que librar durante el día una nueva batalla contra el riesgo de reactivación. La estabilidad conseguida con tanto esfuerzo podría ponerse a prueba en cualquier momento.