Lucía Arias ha puesto el nombre de Cantabria en el centro de uno de los programas musicales más seguidos de la televisión española. Con solo doce años, esta joven santanderina ha llegado hasta las semifinales de La Voz Kids, logrando algo que pocos concursantes consiguen: que los cuatro coaches se giren en las audiciones a ciegas.

Todo comenzó con el empujón de Ruth Martínez, su profesora de música en el CEIP Manuel Cacicedo, quien vio el cartel de las audiciones y animó a Lucía a presentarse. A partir de ahí, también contó con el trabajo de Mery Sánchez, su entrenadora de canto en la Fábrica de la Voz, que la ayudó a preparar cada actuación.
En las audiciones, Antonio Orozco fue el primero en girarse, lo que obligó a bloquear a Ana Mena. Después lo hicieron Luis Fonsi y Edurne. La propia Lucía reconoce que no esperaba que se volviese ninguno, y que vivir ese momento desde el escenario fue una locura difícil de asimilar.
A lo largo del concurso pasó del equipo de Orozco al de Edurne, una transición que llevó con naturalidad aunque confiesa que el cariño hacia Antonio Orozco no desapareció. Dentro del programa tuvo momentos que la televisión no recoge: los ratos de espera entre grabaciones, los juegos con los cojines de los sofás junto a sus compañeras Martina y Mía. Esos instantes, dice, son los que no olvidará nunca.
Cantar junto a Ana Mena, una de sus artistas favoritas, fue otro de los puntos álgidos de su paso por el concurso. Una experiencia que también emocionó a su familia, que en casa ya conocía bien las canciones de la cantante malagueña.
La vuelta a la rutina ha traído alguna sorpresa, como que la pidan fotos por la calle. Algo nuevo para ella, aunque asegura que la fama no es lo que busca.
Lo que sí tiene claro es su sueño: dedicarse a la música. Sabe que el camino es difícil, pero la experiencia vivida en el programa le ha dado herramientas, confianza y recuerdos que ningún aula podría haberle enseñado.
Cantabria tiene una nueva voz joven que merece la pena seguir de cerca.
