La Asociación de Vecinos de El Sardinero ha alzado la voz para recordar que detrás de las playas y el paseo marítimo que enamoran a los turistas hay cientos de familias que viven allí los 365 días del año, y que sus necesidades cotidianas merecen la misma atención que las de cualquier otro rincón de la ciudad.

La junta directiva de la asociación ha hecho pública una declaración en la que reivindican mejoras concretas y aparentemente sencillas: aceras en buen estado, iluminación suficiente en todas las calles, fuentes públicas operativas, bancos donde sentarse y pasos de peatones seguros. Nada extraordinario, insisten, pero actuaciones que cambian la vida de una persona mayor, de alguien con movilidad reducida o de una familia con niños pequeños.
Los vecinos también abordan el debate sobre el arbolado urbano, un asunto que en ocasiones ha generado fricciones. Desde la asociación defienden que conservar los árboles y atender las necesidades de los residentes no son objetivos opuestos, sino compatibles si se aplican criterios técnicos y sentido común. Cuando un árbol reduce la iluminación o genera un riesgo, la solución pasa por la poda adecuada, no por el enfrentamiento entre vecinos y naturaleza.
La declaración reconoce expresamente la buena disposición mostrada en distintos momentos por las concejalías de Barrios, Medio Ambiente y Cultura del Ayuntamiento de Santander, y valora las mejoras ya conseguidas gracias a ese diálogo. Sin embargo, los firmantes dejan claro que queda trabajo por hacer y que continuarán trasladando las demandas del barrio a las instituciones, sea quien sea quien gobierne.
La asociación también aprovecha el texto para marcar su perfil: una entidad independiente, apartidista y enfocada exclusivamente en el bienestar de los residentes. «Las asociaciones de vecinos no existen para hacer política. Existen para hacer barrio», afirman.
El escrito está firmado por Patricia Rubiera Ruisánchez, Andrés Rodrigo Núñez, Isabel de la Morena Martín y otros miembros de la junta directiva, quienes concluyen con un mensaje claro: El Sardinero no es solo la postal que se llevan los visitantes. Es, ante todo, un barrio donde la gente vive, y eso obliga a cuidarlo también desde dentro.
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