Pinilla se rinde a la cucaña: risas, caídas y un jamón que tardó más de media hora en caer

El barrio zamorano de Pinilla celebró el pasado viernes una de las jornadas más esperadas de sus fiestas, con la tradicional cucaña a orillas del Duero como gran protagonista de una tarde-noche que reunió a cientos de vecinos en un ambiente de pura convivencia y alegría popular.

Pinilla se rinde a la cucaña: risas, caídas y un jamón que tardó más de media hora en caer

La margen izquierda del río fue el escenario de una cita que, un año más, demostró que las tradiciones más sencillas son las que más emoción despiertan. La explanada se llenó hasta la bandera con peñas, familias y vecinos de todas las edades, volcados con una jornada que tiene mucho de rito colectivo y de celebración de barrio.

El momento cumbre llegó con la cucaña de los mayores. El ansiado jamón que cuelga al final del palo engrasado resistió durante más de media hora todos los intentos, entre los gritos, las risas y los ánimos del público. Cada caída al agua fue celebrada con tanta euforia como los propios intentos de conquista, hasta que la perseverancia y el trabajo en equipo terminaron dando su recompensa.

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Los más pequeños también tuvieron su propio protagonismo con una cucaña adaptada para ellos, que les permitió vivir la misma emoción a su escala y convertirse en los grandes héroes de la tarde.

El ritmo no paró en ningún momento gracias a la Batucada Nikki Drums, que recorrió la explanada llenando el ambiente de color y percusión y animando a todos los presentes a sumarse a la fiesta desde el primer momento.

Con la noche ya entrada, la Discomóvil La Zona puso el broche final a una velada que se prolongó hasta la madrugada, cerrando así un viernes de fiestas que difícilmente olvidarán quienes estuvieron presentes.

Pinilla volvió a demostrar que cuando un barrio se junta, la fiesta sale sola.